Carlos Avendaño
Por Carlos Avendaño.
El día que Washington dejó de buscar narcos. Durante décadas, Estados Unidos persiguió a los capos, persiguió cargamentos, persiguió laboratorios, persiguió rutas, persiguió sicarios, pero algo parece haber cambiado. Ahora Washington dice que quiere perseguir algo mucho más incómodo, a los políticos. La declaración de Sara Carter cayó como una bomba sobre la política sinaloense, no porque hablara del Cártel de Sinaloa, esto ya no sorprende a nadie. Lo que sorprendió realmente fue que hablara de funcionarios públicos y de una presunta red de protección política a la que llamó “Clan Culiacán”. Y ahí es donde el asunto cambia de dimensión, porque cuando los Estados Unidos captura a un capo, la noticia dura unos días, pero cuando señala a políticos, la onda expansiva puede durar años. La diferencia es enorme. Los narcotraficantes pueden ser sustituidos, pero los gobiernos no. Por esto la declaración de Sara Carter representa algo más profundo que una simple advertencia, representa un cambio de estrategia, un cambio de narrativa, un cambio de objetivo. Durante años la guerra fue contra los criminales, hoy el mensaje parece ser otro. Seguir el dinero, seguir las influencias, seguir las redes de protección, seguir a quienes supuestamente permitieron que el negocio funcionara. Naturalmente, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha respondido denunciando presiones externas e insistiendo en que cualquier acusación debe de sustentarse con pruebas. También ha cuestionado que existan motivaciones políticas detrás de algunos señalamientos provenientes desde los Estados Unidos. Y tiene razón en algo fundamental, las acusaciones no son sentencias, los señalamientos no son condenas, y la presunción de inocencia sigue siendo una regla básica de cualquier Estado de derecho. Pero también existe otra realidad. Cuando una potencia como los Estados Unidos decide colocar reflectores sobre determinados actores políticos, el costo político aparece mucho antes que cualquier resolución judicial. Porque las investigaciones pueden tardar años, pero las sospechas no. Aquí lo verdaderamente preocupante para MORENA no es Sara Carter, tampoco Donald Trump, ni siquiera Washington. Lo meramente preocupante es que la conversación ya dejó de centrarse exclusivamente en los cárteles, porque ahora gira alrededor de la política. Y cuando la política entra al expediente, el daño suele ser mucho más profundo. Porque los cárteles operan en la clandestinidad, los gobiernos viven de la confianza, y la confianza es mucho más difícil de recuperar que cualquier territorio perdido. Quizá por esto la declaración de Sara Carter tiene tan nerviosos a muchos tantos, porque por primera vez en mucho tiempo, Washington parece estar diciendo algo distinto, ya no basta con detener a los delincuentes, sino que ahora quieren saber quién les abrió la puerta. Y esta pregunta, para muchos, resulta infinitamente más peligrosa que cualquier operación. Porque cuando los Estados Unidos deja de buscar narcos y comienza a buscar padrinos políticos, la tormenta apenas empieza. Y en Sinaloa todos saben que las tormentas más peligrosas son las que se ven venir desde lejos…
El premio que nadie pensó. Hay ocasiones en que un premio parece extraordinario, hasta que alguien se detiene a pensar, y entonces descubre que nadie lo hizo antes. La historia de la menor que ganó un boleto para asistir al Mundial 2026 es el mejor ejemplo de cómo una buena intención puede terminar convertida en un absurdo burocrático. La niña ganó, la niña cumplió, la niña obtuvo su premio, y a final de cuentas la niña no pudo ir. No porque rechazara el fútbol, no porque no quisiera asistir, no porque fuera malagradecida, sino porque era menor de edad. Un detalle pequeño, pequeñísimo. Tan pequeño que aparentemente nadie lo tomó en cuenta, porque resulta que ella sí tenía boleto, pero sus padres no. Y como cualquier persona con sentido común entendería que una menor de edad no puede simplemente aparecer sola en un estadio mundialista con decenas de miles de personas. La situación parece un sketch de comedia administrativa, “Felicidades, te ganaste la entrada” “¿Y mis papás?” Esto no venía incluido. “Pero soy menor de edad” “Detalles técnicos”. Lo más increíble es que seguramente decenas de personas participaron en la organización del concurso, hubo reuniones, hubo autorizaciones, hubo comunicados, hubo fotografías, hubo anuncios, hubo discursos sobre acercar el Mundial a la gente, y, aun así, nadie levantó la mano para preguntar algo elemental: ¿Quién va a acompañar a la niña? Porque el problema no fue la falta de presupuesto, ni la logística, ni la disponibilidad de boletos, el problema fue la falta de sentido común. Esta especie en peligro de extinción que antes aparecía naturalmente cuando alguien diseñaba una convocatoria. La reacción en las redes sociales tampoco decepcionó. Como siempre, hubo quienes criticaron a la menor por no aprovechar la oportunidad. Como si una niña tuviera que resolver por sí sola lo que los organizadores no previeron. La realidad es mucho más simple. Ella no rechazó el premio, sino que el premio fue diseñado de manera incompleta, y hay una diferencia enorme. Al final de cuentas, esta historia retrata perfectamente uno de los grandes problemas de nuestra administración pública y privada. Se preocupan por entregar, pero pocas veces se preocupan por pensar. Se enfocan en el anuncio, pero olvidan la ejecución. Presumen el premio, pero ignoran al ganador. Y así terminamos celebrando una experiencia mundialista que nunca ocurrió, porque alguien regaló un boleto, pero nadie se tomó la molestia de garantizar que la niña pudiera usarlo. Y como suele ocurrir en México, el problema no fue la falta de recursos, sino que fue la abundancia de improvisación…
El cumpleaños más solitario de Sinaloa. Ayer cumplió 77 años Rubén Rocha Moya, pero lo más llamativo no fue el pastel, ni las velitas, ni los abrazos, porque prácticamente nadie los vio. Lo verdaderamente sorprendente fue el silencio, ese mismo silencio que en política suele ser más escandaloso que cualquier discurso. Durante años, el gobernador fue acompañado por una larga fila de funcionarios, legisladores, alcaldes, dirigentes partidistas, empresarios cercanos y personajes que parecían competir por demostrar quién era más Rochista que el propio Rocha. Pero llegó el cumpleaños número #77, y las benditas redes sociales parecían pueblo fantasma, ni mariachis digitales, ni felicitaciones efusivas, ni fotografías de archivo, ni los tradicionales mensajes de “líder visionario”, “gran estadista” o “amigo de las causas del pueblo”, absolutamente nada, o casi nada. Y en política esto significa muchísimo porque los políticos tienen una costumbre curiosa, nunca abandonan el poder, abandonan a quien está perdiendo el poder, vaya que la diferencia es enorme. Mientras tanto, Sinaloa sigue atrapado en una crisis que parece no encontrar salida. La violencia continúa marcando la agenda, la incertidumbre domina la conversación pública, y el gobierno parece cada vez más ausente de la narrativa que alguna vez controló. Por esto el cumpleaños terminó convirtiéndose en una metáfora: la imagen de un gobernante rodeado de silencio, no porque haya desaparecido físicamente, sino porque muchos de quienes antes corrían a tomarse la foto ahora parecen practicar el arte olímpico de la sana distancia política. Y es que los aniversarios suelen revelar quiénes son los amigos, pero las crisis revelan quiénes solamente eran acompañantes del poder. Quizá por esto la pregunta más interesante no sea ¿Cuántos años cumplió Rocha? Sino que la pregunta es ¿Cuántos aliados le quedan? Porque en política los cumpleaños se cuentan con velas, pero la fuerza se mide con respaldos. Y ayer 15 de junio, más que una fiesta de cumpleaños, pareció una auditoría de lealtades. Por cierto, alguien preguntó: ¿Qué regalo podrían darle los sinaloenses al exgobernador? Las respuestas seguramente serían muchas: algunos pedirán explicaciones, otros pedirán resultados, muchos pedirán paz, y probablemente la mayoría pediría algo mucho más sencillo, que Sinaloa deje de ser noticia por la violencia y vuelva a ser noticia por su gente, este sí que sería un regalo memorable. Aunque, viendo las circunstancias, parece ser el más difícil de conseguirse…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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