Con discursos sobre el cumplimiento de compromisos y una fuerte promoción institucional, el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero arrancó una obra de 14 millones de pesos en la colonia Lindavista. Sin embargo, el anuncio no logró ocultar una realidad que los vecinos conocen desde hace años: el deterioro de calles, drenajes y redes de agua potable que el propio gobierno dejó avanzar hasta convertir un problema cotidiano en una obra millonaria presentada ahora como un logro de administración.
Por Ricardo Reyes.
Con un nuevo acto protocolario y rodeado de funcionarios, el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero y la presidenta del DIF Nayarit, Beatriz Estrada Martínez, encabezaron el arranque de una obra de infraestructura en la colonia Lindavista, donde se invertirán más de 14 millones de pesos para rehabilitar calles y sustituir redes de agua potable y drenaje.
Sin embargo, lejos de representar una muestra de eficiencia gubernamental, el anuncio vuelve a exhibir una realidad incómoda para la administración estatal: obras que hoy se presentan como grandes logros corresponden a problemas que debieron resolverse hace años y que se agravaron por la falta de mantenimiento, planeación y atención oportuna.
La rehabilitación de las calles Río Tajo y Río Rhin incluye trabajos de alcantarillado sanitario, agua potable y pavimentación. Es decir, servicios básicos que cualquier gobierno está obligado a garantizar de manera permanente y no únicamente cuando existe la oportunidad de convertirlos en eventos públicos para la promoción política.
El discurso oficial insiste en que se trata del cumplimiento de un compromiso con los vecinos, pero para muchos habitantes la pregunta sigue siendo la misma: ¿por qué tuvieron que pasar años de deterioro, fugas, hundimientos y calles destrozadas para que finalmente se destinaran recursos a una zona que desde hace tiempo requería intervención urgente?
Mientras el gobierno presume una inversión superior a los 14 millones de pesos, miles de familias en otras colonias de Tepic continúan enfrentando problemas similares e incluso más graves. La percepción ciudadana es que la administración estatal ha privilegiado una política reactiva, atendiendo problemas únicamente cuando el desgaste social o político se vuelve insostenible.
Además, el protagonismo constante de la presidenta del DIF estatal en actos de obra pública ha despertado críticas entre sectores ciudadanos que consideran que las funciones asistenciales del organismo han quedado mezcladas con una estrategia de posicionamiento político cada vez más evidente. Para muchos observadores, la imagen gubernamental parece haberse convertido en una prioridad paralela a la ejecución de las propias obras.
Otro aspecto que genera cuestionamientos es la falta de información detallada sobre los procesos de licitación, los plazos de ejecución y los mecanismos de supervisión. En una entidad donde históricamente las obras públicas han enfrentado señalamientos por retrasos, deficiencias constructivas y falta de transparencia, los anuncios oficiales ya no son suficientes para convencer a una ciudadanía cada vez más escéptica.
Navarro Quintero aseguró que su gobierno responde «con hechos» a la confianza de la población. No obstante, los hechos también reflejan que, a casi cinco años de administración, persisten rezagos significativos en infraestructura urbana, servicios públicos y mantenimiento preventivo en diversas zonas de la capital nayarita.
La obra en Lindavista podrá representar un alivio para los vecinos beneficiados, pero también evidencia una constante que se ha repetido durante el actual gobierno: presentar como logro extraordinario la atención tardía de necesidades básicas que debieron resolverse mucho antes. Para una parte creciente de la ciudadanía, el problema ya no es el anuncio de nuevas obras, sino la incapacidad institucional para evitar que las colonias lleguen al abandono antes de ser tomadas en cuenta.

