Por Carlos Hartig.
El mercado de valores de la política en Xalisco ha registrado una nueva y vergonzosa transacción. Lo que para algunos es «estrategia», para la mayoría de los ciudadanos de a pie es la consumación de una burla. César Castañeda, un personaje que ha hecho de la transhumancia partidista su modus vivendi, ha vuelto a sorprender (o quizás no tanto) al dejarse ver en una fotografía oficial junto a la cúpula nacional y local de Movimiento Ciudadano (MC). El hombre que un día juró lealtad a los principios de un color, y que luego se rindió ante los encantos de otro, ahora se dispone a «exprimir la naranja», demostrando que en su vocabulario la palabra «convicción» ha sido borrada por la palabra «presupuesto».
La trayectoria de Castañeda comienza a parecerse más a un catálogo de moda política que al historial de un servidor público. Quienes tienen memoria recuerdan sus inicios, cuando defendía con vehemencia los valores que, según él, representaba el azul. Con el tiempo, y cuando el poder real cambió de manos, no dudó en protagonizar un «striptease» ideológico para vestirse con el guinda de la Cuarta Transformación, vendiendo la idea de que su cambio era por el bien del pueblo. Hoy, con un cinismo que asombra a propios y extraños, Castañeda se enfunda en el «fosfo-fosfo», no por amor a una nueva propuesta, sino por la imperiosa necesidad de no quedarse fuera de la jugada y, sobre todo, lejos de la nómina gubernamental.
La confirmación del viraje no fue un rumor de pasillo. La reciente imagen que circula en redes sociales, donde Castañeda aparece posando junto a Jorge Álvarez Máynez, dirigente nacional de MC, y figuras locales como Tita Márquez y Gustavo Ayón, es el acta de nacimiento de su enésimo renacimiento político. Esta fotografía es, al mismo tiempo, el certificado de defunción de cualquier credibilidad que le quedara ante la ciudadanía. En Xalisco, esta imagen ha sido recibida como una bofetada por aquellos que, de buena fe, creyeron en sus anteriores discursos. Se preguntan, con justa razón, ¿qué propuesta seria puede encabezar quien cambia de ideología según sople el viento de la oportunidad?
El verdadero costo de este «chapulinismo» perfecto lo paga la sociedad. Mientras César Castañeda invierte su tiempo y talento en el diseño de su próximo aterrizaje en el poder, las demandas urgentes de Xalisco siguen sin respuesta. ¿Cómo puede alguien enfocarse en resolver los problemas de bacheo, agua potable o seguridad pública cuando su principal preocupación es ver de qué liana partidista se va a colgar para no caer en el desempleo político? El mensaje que Castañeda y quienes lo cobijan envían es demoledor: la política no es una vocación de servicio, es una carrera de obstáculos donde el premio es la permanencia en el presupuesto.
Lo que resulta más alarmante es el vacío de proyecto detrás de estas decisiones. Muchos aseguran, y no sin razón, que César no representa un proyecto político real ni una visión de futuro para Xalisco; representa el arquetipo del clásico oportunista. Es el personaje que cambia de color y de discurso cada vez que siente que un partido ya no le sirve como plataforma de lanzamiento personal o cuando su cuota de poder está en riesgo. Esta falta de arraigo ideológico lo convierte en una veleta que, lejos de dar estabilidad, profundiza la desconfianza ciudadana en las instituciones y en los procesos democráticos.
Ante el próximo proceso electoral, Movimiento Ciudadano en Nayarit asume un riesgo mayúsculo al abrirle las puertas a perfiles que llevan el sello de la traición ideológica y el reciclaje político. Al intentar nutrirse de cuadros que han saltado de partido en partido, el partido naranja corre el riesgo de desdibujarse y convertirse en una simple «agencia de colocación» para políticos desesperados. Para César Castañeda, esta nueva aventura puede ser su última carta; para los habitantes de Xalisco, es la confirmación de que hay políticos que, con tal de no soltar la ubre presupuestal, son capaces de cambiar de piel, de discurso y de dignidad las veces que sea necesario.

