Islamabad, Pakistán (RRC): La ya inestable tregua en Medio Oriente pende de un hilo después de que el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, confirmara el fracaso de las intensas negociaciones directas con Irán, que se extendieron por más de 21 horas en la capital pakistaní sin alcanzar un acuerdo para poner fin definitivo al conflicto.
“Son malas noticias para Irán, mucho más que malas noticias para EE.UU.”, declaró Vance al término de la maratónica ronda de conversaciones, en las que también participaron el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump.
Las negociaciones, consideradas las de más alto nivel entre Washington y Teherán desde la Revolución Islámica de 1979, buscaban transformar el cese al fuego temporal de dos semanas —acordado a principios de abril— en una paz duradera. Este alto el fuego había detenido, al menos formalmente, los enfrentamientos directos que estallaron en febrero de 2026 tras ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra instalaciones nucleares, misiles y objetivos militares iraníes.
Entre los principales desacuerdos destacan:
- El programa nuclear iraní (Teherán se niega a desmantelar su enriquecimiento de uranio).
- El control y reapertura plena del Estrecho de Ormuz, vital para el suministro global de petróleo.
- El cese de hostilidades en Líbano, donde Israel continúa operaciones contra Hezbolá.
- El levantamiento de sanciones y posibles reparaciones exigidas por Irán.
Vance enfatizó que Estados Unidos presentó su “mejor y última oferta”, pero Irán no aceptó las “líneas rojas” estadounidenses, entre ellas límites estrictos al programa nuclear y reconocimiento implícito de la seguridad de Israel.
El cese al fuego de dos semanas se logró tras semanas de intensos bombardeos que causaron miles de muertos, daños significativos en infraestructura iraní y disrupciones en el tráfico marítimo del Estrecho de Ormuz, con impactos económicos globales. Aunque el alto el fuego incluyó la reapertura parcial de la ruta marítima, el tráfico sigue lento y las tensiones persisten, especialmente en Líbano, donde se reportan nuevos intercambios de fuego.
Pakistán actuó como anfitrión y mediador, recibiendo tanto a la delegación estadounidense como a la iraní, encabezada por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el canciller Abbas Araghchi. El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, describió las pláticas como “decisivas”.
Con el fin de la tregua temporal acercándose, analistas advierten de un riesgo elevado de reanudación de hostilidades. El presidente Trump ha señalado que, si no hay acuerdo, Estados Unidos está “listo para actuar” y “ganará”. Por su parte, fuentes iraníes han afirmado entrar en las conversaciones desde una posición de fuerza, pese a los golpes recibidos.
Expertos en seguridad internacional señalan que el fracaso de Islamabad deja la región en una situación precaria: un Irán debilitado pero no doblegado, un Estrecho de Ormuz aún vulnerable, y el riesgo latente de que el conflicto se expanda involucrando a otros actores como Hezbolá o milicias respaldadas por Teherán.
La comunidad internacional observa con preocupación. Cualquier ruptura del alto el fuego podría disparar nuevamente los precios del petróleo, generar nuevas oleadas de desplazados y complicar aún más la ya volátil situación en Gaza y Líbano.
Por ahora, la diplomacia queda en suspenso. Fuentes cercanas a las negociaciones indican que podría haber rondas adicionales, pero el tiempo apremia y la paciencia de las partes parece agotarse. La frágil paz en Medio Oriente, una vez más, enfrenta su prueba más crítica.

