Por Carlos Avendaño.
Mocorito: cuando el hambre termina en el basurero. En el “bello” pueblo mágico de Mocorito, la realidad volvió a superar cualquier discurso oficial. Decenas -o más bien, montañas- de desayunos escolares terminaron en el basurón municipal. Sí, comida destinada a niñas y niños, tirada a la basura. Alimentos entregados al Sistema DIF municipal, que en lugar de llegar a quienes los necesitan, acabaron como desecho. Y no, no estaban caducos. Tenían fecha de vencimiento hasta mayo de 2026. Es decir, eran perfectamente utilizables. El señalamiento lo hizo el regidor Jessy Martínez Sauceda, quien no sólo documentó el hecho, sino que lanzó una pregunta tan simple como devastadora: “¿Por qué no entregarlos?” Buena pregunta. Sobre todo en un municipio en donde hay familias cuyos hijos dependen de estos apoyos para no pasar hambre en la escuela. Aquí ya no estamos hablando de política. Estamos hablando de sentido común y de humanidad. Porque una cosa es la ineficiencia administrativa y otra muy distinta es tirar la comida mientras existe la necesidad. Las críticas alcanzan directamente a la administración encabezada por Enrique Parra Melesio, no solo por este hecho, sino por lo que refleja: falta de control, de supervisión y de responsabilidad institucional. Y lo más incómodo es que la denuncia no vino de la oposición. Vino desde adentro, desde alguien que incluso comparte el partido de MORENA. Esto lo vuelve todavía aún más grave. Porque cuando las fallas ya no pueden ocultarse ni internamente, es porque el problema rebasó cualquier narrativa oficial. Así es que aquí no hay mucho margen para matices. Porque cuando los apoyos sociales terminan en la basura, no es existe un error menor. Es una señal clara de que algo está profundamente mal. Y la pregunta que queda en el aire no es política, sino que es moral: ¿Quién responde cuando el hambre de los niños termina en el basurero?…
Cuando la ley no alcanza… pero el poder sí acusa. El caso entre la diputada con licencia Almendra Negrete y Emma Zermeño dio un giro que deja más preguntas que respuestas. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación decidió revocar la sentencia por presunta violencia de género simbólica. ¿La razón? Simple y al mismo tiempo preocupante: no existe un marco legal claro para sancionar el uso de mensajes de WhatsApp como prueba en este tipo de casos. Así de directo. Es decir, se intentó sancionar sin tener plenamente definido el sustento jurídico aplicable. Y aquí es donde el tema se vuelve delicado. Porque la violencia de género es un asunto serio. Grave. Y que merece toda la atención del Estado. Pero también lo es el debido proceso. Y cuando uno se intenta imponer sobre el otro sin reglas claras, se abre la puerta a la arbitrariedad. Este caso exhibe algo que muchas veces se evita decir: el marco legal va varios pasos atrás de la realidad digital. Las interacciones, los conflictos y hasta las agresiones hoy pasan en plataformas como WhatsApp, pero la ley no siempre sabe cómo procesarlas. Entonces surge la pregunta incómoda: ¿Se están utilizando figuras jurídicas legítimas o se están forzando interpretaciones legales para resolver conflictos políticos? Porque cuando la ley se estira demasiado, corre el riesgo de romperse. Y cuando esto pasa, no solo pierde un caso, pierde credibilidad todo el sistema. Así que más allá de quién tenga la razón en lo personal, este episodio deja una lección institucional clara: México necesita actualizar sus reglas antes de que los vacíos legales sigan siendo terreno fértil para disputas políticas disfrazadas de justicia. Suyos los comentarios, estimado lector…
Taniyama y el arte del “timing” político. En la carrera rumbo al 2027, aparece un perfil que mezcla cocina, activismo y política. El chef Miguel Taniyama Ceballos ya levanta la mano para buscar la alcaldía de Culiacán, ahora bajo las siglas de Movimiento Ciudadano. Un perfil distinto, un empresario del sector gastronómico con presencia social y con habilidad -dicen- para leer los tiempos políticos. Porque si algo ha demostrado Taniyama, es que sabe moverse cuando el tablero cambia. Ahí están los antecedentes. En el año 2010 respaldaba a Jesús Vizcarra Calderón, mientras que su ahora aliado político Manuel Clouthier Carrillo, caminaba con Mario López Valdez (MALOVA). Cada quien desde su trinchera. Cada quien en su momento. Y hoy, años después, las piezas parecen acomodarse distinto. Porque en política no hay lealtades eternas, hay intereses que evolucionan. Y en este contexto, Taniyama podría convertirse en una carta interesante para Movimiento Ciudadano. Sobre todo, si logra posicionarse como una alternativa “ciudadana” frente a los perfiles tradicionales. Aunque aquí viene el detalle clave. No basta con saber de política, ni con tener respaldo, ni con dominar el timing político. La pregunta de fondo es otra: ¿Puede convertir este capital social y empresarial en confianza electoral real? Porque una cosa es moverse bien en el tablero, y otra cosa muy distinta es ganar la partida. Por lo pronto, el Chef ya encendió la estufa política. Y si algo es seguro rumbo al 2027, es que este platillo apenas empieza a cocinarse. Suyos los comentarios, estimado lector…
La “unidad” de MORENA Sinaloa: discurso vs realidad. En la política mexicana hay palabras que se repiten tanto, que terminan perdiendo significado. Una de ellas es “unidad”. En MORENA, esta palabra ha sido casi un mantra desde su origen. Un movimiento -como lo definía Andrés Manuel López Obrador- en donde el interés colectivo debía estar por encima de las ambiciones personales. Suena bien, funciona en campaña y hasta inspira. El problema es que la unidad no se construye en los discursos, se pone a prueba en los momentos incómodos. Y este momento está cada vez más cerca. Las elecciones de 2027 no solo definirán candidaturas. Van a revelar algo mucho más profundo: si realmente existe cohesión interna o solo disciplina temporal. Porque ganar elecciones no depende únicamente del candidato mejor posicionado. Depende también -y mucho- de lo que hagan quienes no ganan candidaturas. De si se quedan, de si suman, o de si, simplemente, empiezan a operar en sentido contrario. Ahí es donde la famosa “unidad” deja de ser eslogan y se convierte en realidad o en pura simulación. En política hay una regla no escrita: todos hablan de unidad cuando hay reparto, pero pocos la sostienen cuando hay exclusión. Así que el reloj ya está corriendo. Y pronto sabremos si en MORENA hay convicción verdadera o solo una consigna bien repetida. Porque al final, la unidad no se presume, se demuestra cuando más duele…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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