Por Carlos Avendaño.

El “Plan B”: cuando la derrota se convierte en revancha. La reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fue enterrada en el Congreso de la Unión. No alcanzó los votos y no convenció. Y ni siquiera logró mantener disciplinados a todos los aliados de MORENA. Pero en la política mexicana las derrotas rara vez se aceptan con elegancia. Así que ahora aparece el afamado “Plan B”. La jugada consiste en algo bastante conocido: si no pasó la reforma constitucional por la puerta principal, se intenta meter por la ventana mediante leyes secundarias. Y aquí está el detalle interesante. Nadie -absolutamente nadie- conoce todavía el contenido completo de este nuevo paquete legislativo. Es decir, se habla de reformar las reglas del juego electoral, sin mostrar aún todas las cartas. Eso sí, el reloj legislativo ya está corriendo. El proceso electoral 2026–2027 iniciará el 6 de septiembre de 2026, y la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que cualquier cambio en materia electoral debe aprobarse al menos 90 días antes de la elección. Y aquí viene la parte que explica todo. Para aprobar leyes secundarias, MORENA solo necesita mayoría simple. Es decir, no requiere mayoría calificada ni tampoco pasar por el viacrucis de los congresos estatales. Traducción política: lo que no pudo cambiarse con una reforma constitucional, podría intentarse modificar en la letra pequeña de la legislación secundaria. Una jugada perfectamente legal, pero también profundamente política. Porque en materia electoral, los detalles técnicos suelen definir quién gana y quién pierde. Así que la reforma constitucional podrá haber muerto. Pero la verdadera pregunta es otra: ¿Estamos ante un ajuste administrativo del sistema electoral o frente a una revancha legislativa cuidadosamente diseñada rumbo al 2027? Porque en México, cuando se trata de cambiar las reglas del juego político, nadie mueve una coma por casualidad…

La Cumbre “Escudo de las Américas” y el nuevo tablero regional. La reciente cumbre “Escudo de las Américas” dejó algo claro: Estados Unidos está reconfigurando su estrategia en América Latina. La reunión -impulsada desde Estados Unidos- tiene un objetivo explícito: reforzar la cooperación regional contra el crimen organizado y los cárteles. Pero, más allá del discurso de seguridad, el encuentro también dibuja un nuevo mapa político en el continente. Porque en medio de esta ofensiva diplomática y estratégica, tres países quedaron fuera del eje central de la reunión: México, Brasil y Colombia. Tres gobiernos que hoy representan los principales bastiones del progresismo latinoamericano. Y el contexto político no es menor. El progresismo ya no domina el mapa regional como ocurrió en otras etapas de América Latina. De hecho, hoy es minoría en número de gobiernos. Y si ampliamos la mirada hacia Europa, el panorama se vuelve todavía más complejo para la izquierda. Muchos movimientos progresistas enfrentan una dificultad evidente: no logran conectar con sociedades cada vez más fragmentadas, temerosas y polarizadas. El resultado es un escenario político en plena transformación. Por un lado, Estados Unidos intentando recuperar influencia estratégica en la región. Por el otro, gobiernos progresistas tratando de sostener su espacio político en un entorno internacional cada vez más adverso. Así que la cumbre “Escudo de las Américas” no es solo una reunión de seguridad. Es también una señal del nuevo pulso geopolítico que empieza a redefinir el equilibrio político del continente. Porque cuando las potencias mueven sus piezas, el tablero regional nunca vuelve a ser el mismo…

Sarampión: cuando la negligencia también se mide en vidas. Durante décadas, México presumió algo importante: “haber eliminado muertes por Sarampión”. Desde 1995 no se registraban fallecimientos por esta enfermedad. Treinta años después, la historia cambió. Hoy la cifra ronda 35 muertes en la epidemia por Sarampión que se extendió entre 2025 y 2026, mientras los contagios superan los 13 mil casos, con más de la mitad registrados apenas en este año 2026. En otras palabras, no solo hay un brote, el brote está creciendo. Y entonces aparece la pregunta incómoda. ¿Cómo regresó al país una enfermedad que estaba controlada? Porque cuando un sistema de salud funciona, las epidemias se contienen. Pero cuando las políticas públicas fallan, las enfermedades regresan. Durante el sexenio de López Obrador, una crítica constante fue el debilitamiento de varios programas de salud pública, incluyendo esquemas de vacunación. Hoy el problema ya no es una discusión ideológica, es una realidad epidemiológica. Porque cada número en una estadística sanitaria representa una vida perdida. Y lo más preocupante es que el brote sigue activo. Así que mientras algunos siguen discutiendo narrativas políticas, la pregunta de fondo sigue ahí, incómoda, inevitable y difícil de esquivar: ¿Cómo es posible que un país que había eliminado las muertes por sarampión vuelva a contarlas otra vez? Porque en salud pública, los errores de gobierno no se pagan en encuestas, se pagan en vidas…

Cuando la pregunta incomoda al poder. La conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo vivió momentos tensos. La protagonista fue la reportera Reyna Haydee Ramírez, conocida por su estilo frontal por hacer preguntas que muchos prefieren evitar. El intercambio subió de tono cuando las preguntas se volvieron más incisivas. En medio del momento, la presidenta intentó poner límite apelando al reloj: “Llevas 25 minutos, Reyna”. Pero lo que siguió fue todavía más llamativo. La mandataria pidió a los periodistas presentes votar si la reportera debía continuar preguntando. Gesto inusual en un espacio que, en teoría, existe justamente para hacer preguntas. La respuesta de la reportera fue directa, sin rodeos. Un solo calificativo dirigido para sus colegas: “paleros”. Con esta palabra encendió el debate. Porque más allá del momento incómodo, el episodio puso sobre la mesa una discusión que lleva años rondando en México: ¿Las conferencias de gobierno son verdaderos espacios de rendición de cuentas o escenarios en donde solo se toleran las preguntas cómodas? La libertad de prensa no siempre es elegante, a veces es incómoda, a veces tensa, y a veces provoca choques como este. Pero al final, en una democracia, las preguntas incómodas no deberían de ser el problema. El problema empieza cuando al poder le incomodan demasiado…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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