Por Ricardo Reyes.
En un nuevo giro que ha encendido el malestar entre miles de tepicenses, el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero confirmó que la emblemática glorieta que por décadas fue conocida como «la glorieta de la Hermana Agua» ahora llevará oficialmente el nombre de Glorieta Nayarit.
La decisión llega tras la polémica retirada de la escultura «Hermana Agua» —obra icónica creada en 1950 por Francisco García Montero e inspirada en el poema homónimo del poeta tepicense Amado Nervo—, que representaba a una figura femenina rodeada de agua y que formaba parte inseparable del paisaje urbano frente al Parque La Loma.
El cambio de nombre, presentado como un homenaje a «los pueblos originarios y la identidad del estado», no convence a muchos habitantes que ven en esta medida un intento apresurado de borrar un símbolo cultural arraigado en la memoria colectiva de la capital nayarita. La «Hermana Agua» no solo era un punto de referencia vial, sino un elemento de identidad que miles de personas usaban cotidianamente para orientarse: «nos vemos en la Hermana Agua», «pasa por la glorieta de la Hermana Agua».
Críticos señalan que el gobierno estatal, en lugar de resolver la controversia con diálogo y propuestas consensuadas, optó por una solución radical: retirar la obra, instalar una nueva escultura de una familia wixárika (que busca visibilizar el legado indígena) y renombrar el espacio de forma genérica como «Glorieta Nayarit», un nombre que muchos consideran anodino, poco imaginativo y carente de arraigo histórico.
¿Progreso o borrón autoritario?
Mientras el mandatario defiende la medida como un paso hacia la «dignificación» y el reconocimiento de las raíces originarias, sectores de la sociedad tepicense lamentan la pérdida de un ícono que, más allá de debates sobre su desnudez, llevaba más de 70 años formando parte de la historia viva de la ciudad. Colectivas feministas incluso han cuestionado el argumento oficial del retiro, aclarando que no solicitaron la remoción por «hipersexualización» y que la obra podía reinterpretarse como símbolo de lucha.
La «Glorieta Nayarit» ya es realidad, pero para muchos nayaritas el nuevo nombre suena a olvido impuesto, a un cambio cosmético que no consulta ni respeta la memoria colectiva. Lo que antes era un referente poético y cultural ahora queda reducido a una denominación burocrática que poco dice del alma de Tepic.
Mientras la polémica sigue latente, la pregunta flota en el aire: ¿era necesario borrar el pasado para honrar el presente?
