“La Hermana Agua: Entre el Puritanismo Oficial y la Usurpación de la Identidad Wixárika”.

Por Carlos Hartig.

En un acto que la ciudadanía de Tepic ha calificado como una afrenta a la memoria histórica, la madrugada de este viernes 13 de marzo de 2026, el gobierno estatal concretó el retiro del monumento a La Hermana Agua de su glorieta en el Parque La Loma. La escultura, una pieza emblemática inspirada en la lírica de Amado Nervo, fue desmontada bajo el argumento oficial de «dignificar las raíces» mediante la instalación de una familia Wixárika de bronce. Sin embargo, para los manifestantes que hoy mantienen la resistencia, este cambio no es más que una «usurpación simbólica» y una cortina de humo ante las carencias sociales que asfixian a la entidad.

La indignación escaló rápidamente de las redes sociales a la toma de espacios públicos. Voces como la de Tania Yazmín Romero Zepeda y Nancy Robles han liderado el reclamo ciudadano, señalando que la cultura no debe ser politizada ni utilizada para sustituir la atención a necesidades básicas. «No queremos ser la cara de un gobierno que no escucha», sentenciaron activistas durante la protesta, denunciando que mientras se invierte en monumentos, las comunidades de la sierra carecen de servicios de salud dignos, carreteras funcionales y seguridad ante la violencia de género.

El trasfondo del retiro ha sido teñido por un debate moralista que la sociedad civil rechaza tajantemente. El gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero justificó la medida alegando que la figura femenina desnuda generaba «morbo» y «sexualización». Esta postura fue confrontada por colectivos feministas, quienes apenas el pasado 8 de marzo utilizaron la glorieta como punto de partida para su marcha anual, reivindicando a la escultura como un símbolo de la mujer y del patrimonio literario nayarita. Para los manifestantes, resulta irrisorio que se censure una obra de arte mientras se ignora la violencia real que viven las mujeres en el estado.

La sustitución por una representación de la familia Wixárika ha sido percibida por los propios pueblos originarios como un acto autoritario y falto de consulta real. Los inconformes destacan la contradicción de un gobierno que pretende honrar la identidad indígena con estatuas, mientras desatiende las demandas de justicia y desarrollo de esas mismas comunidades. La protesta, respaldada por automovilistas y ciudadanos espontáneos, exige no sólo la restitución inmediata de La Hermana Agua, sino un cambio radical en las prioridades gubernamentales.

Hoy, la glorieta de La Loma luce vacía, un hueco físico que simboliza, para muchos, la sordera de una administración acusada de destructiva. La exigencia es clara: Nayarit requiere menos ornamentos políticos y más justicia social; requiere que sus héroes literarios, como Nervo, y sus pueblos vivos sean respetados por igual, sin ser utilizados como piezas de un ajedrez propagandístico.

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