Por Ricardo Reyes.
El gobernador de Nayarit, Miguel Ángel Navarro Quintero, lanzó una recomendación que suena a ironía para muchos nayaritas: aconsejó a quien lo suceda en el cargo que «no pidan dinero prestado«, argumentando que las tasas de interés son «enormemente grandes» y que su administración ha trabajado intensamente para eliminar la deuda heredada de sus predecesores, con la meta de dejar el puesto sin déficit.
Sin embargo, la realidad financiera del estado pinta un panorama muy distinto al discurso triunfalista del mandatario. Lejos de heredar y liquidar una deuda sin agravar el problema, su gobierno ha enfrentado severas críticas por mantener —y en algunos momentos aumentar— la carga de pasivos que tanto critica en administraciones anteriores.
De una deuda pública inicial cercana a los 5 mil 964 millones de pesos (principalmente heredada de gobiernos como los de Ney González y Roberto Sandoval), se han destinado miles de millones al pago de intereses —alrededor de 2 mil 600 millones solo en ese rubro—, mientras que el abono a capital ha sido mínimo (cerca de 600-700 millones). El saldo actual de la deuda sigue rondando los 5 mil 200-5 mil 300 millones, lo que evidencia un avance lento y costoso, donde los nayaritas pagan caro el «ordenamiento» financiero prometido.
Peor aún, durante su administración se han registrado episodios de endeudamiento adicional: en 2024 se autorizó un incremento de alrededor del 11% (unos 600 millones más), y en fechas recientes se recurrió a préstamos de corto plazo y adelantos de participaciones federales por más de mil millones para cubrir déficits operativos, incluyendo el vergonzoso incumplimiento en el pago de aguinaldos y prestaciones a trabajadores estatales en diciembre de 2025 —algo que lo convirtió en el único gobernador del país con tal tropiezo.
A esto se suman denuncias persistentes de adeudos salariales, congelamiento de prestaciones, irregularidades en obras públicas por mil 500 millones de pesos federales (ya alertadas ante la ASF) y protestas de sectores como maestros y burócratas, quienes acusan al gobierno de postergar compromisos y usar herramientas políticas para silenciar reclamos.
Mientras Navarro Quintero presume un «gobierno ejemplar» sin generar «deuda económica» y se atreve a dar lecciones de austeridad, los números y las quejas ciudadanas revelan una gestión que ha pagado caro los errores del pasado… sin corregirlos del todo y, en varios casos, añadiendo nuevos lastres financieros al estado.
La «consejería» de no pedir prestado llega tarde para miles de nayaritas que ya cargan con los intereses de una deuda que, bajo su mandato, no desapareció ni se volvió insignificante. Queda la duda: ¿realmente dejará finanzas sanas, o solo un discurso bien ensayado para la foto?
