Washington (RRC): El mercado petrolero ha experimentado este lunes una de las jornadas más volátiles y dramáticas de su historia reciente, marcada por el impacto del conflicto armado en Irán y las tensiones en el Estrecho de Ormuz. El precio del barril de Brent, referencia principal en Europa, abrió con un fuerte repunte impulsado por el pánico ante posibles interrupciones en el suministro global, llegando a rozar los 120 dólares por barril —un pico no visto desde 2022— antes de sufrir una corrección abrupta y cerrar alrededor de los 90-92 dólares.
La sesión registró una amplitud récord: según datos de mercado y reportes especializados, el Brent subió hasta 119.50 dólares en su máximo intradía —un incremento de aproximadamente el 30% respecto al cierre del viernes anterior— y luego cayó con fuerza, marcando la mayor subida en dólares absolutos en una sola jornada (alrededor de 26-30 dólares sobre el cierre previo) y también la mayor caída intradiaria en la historia reciente. Esta montaña rusa refleja la incertidumbre extrema generada por el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ha llevado a una casi paralización del tráfico de petroleros a través del Estrecho de Ormuz, vía clave por la que transita cerca del 20% del petróleo y gas natural licuado mundial.
El estallido inicial de precios se produjo por temores a un cierre prolongado del estrecho, lo que obligó a varios productores del Golfo Pérsico a reducir drásticamente su bombeo ante la saturación de sus instalaciones de almacenamiento. Irak ha recortado hasta un 70% de su producción, mientras que países como Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí han limitado envíos, ya que sus oleoductos alternativos (como el saudí que evita el estrecho) operan cerca de su capacidad máxima. Según estimaciones de JP Morgan y otros analistas, se han perdido entre 4 millones de barriles diarios de producción efectiva, con impactos más amplios que podrían llegar a 15-20 millones de barriles si la disrupción persiste.
Las Bolsas mundiales reflejaron el caos inicial con fuertes caídas, pero recuperaron terreno hacia el cierre gracias a señales de alivio. Primero, los ministros de Finanzas del G-7 expresaron su disposición a adoptar medidas coordinadas para garantizar el suministro energético global, incluyendo la posible liberación de reservas estratégicas de emergencia —aunque no hay acuerdo formal aún, esta mera intención calmó a los inversores.
El factor decisivo llegó por la tarde-noche (hora europea), cuando el presidente estadounidense Donald Trump declaró en una entrevista que la guerra está “prácticamente terminada” o “muy completa”. Sus palabras, combinadas con su publicación en Truth Social, donde calificó las fluctuaciones de precios como un “precio muy bajo a pagar” por la seguridad de Estados Unidos, el mundo y la paz —y anticipó una caída rápida una vez “destruida la amenaza nuclear iraní”—, actuaron como bálsamo definitivo. El Brent revirtió su tendencia y cerró con pérdidas significativas respecto a los picos del día.
Sin embargo, los analistas advierten que la calma podría ser temporal. Aunque algunos bancos de inversión prevén una recuperación pronta de los flujos si el estrecho se reabre, persisten dudas sobre la duración real del conflicto y su impacto en tierra. Expertos de firmas como Macquarie o Wood Mackenzie no descartan que, en un escenario prolongado, el Brent pueda escalar hacia los 135-150 dólares o incluso más altos.
Por el momento, el mercado respira con alivio tras la intervención de Trump y el G-7, pero la inestabilidad persiste. Los operadores siguen atentos a cualquier novedad sobre el terreno en Irán y el Golfo, donde la situación geopolítica podría volver a disparar los precios en cualquier momento.
