Por Ricardo Reyes.
Con bombo y platillo, el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero inauguró el flamante edificio de la Unidad Académica de Medicina en la Universidad Politécnica del Estado de Nayarit (UPEN), un proyecto que, según cifras oficiales, superó los 48 millones de pesos. El discurso oficial habló de “espacios adecuados” y “condiciones dignas” para formar profesionales de la salud, pero la realidad que enfrentan estudiantes, docentes y la propia infraestructura educativa del estado invita a cuestionar si se trata de un logro concreto o de otro capítulo en la larga lista de anuncios grandilocuentes con resultados dudosos.
La construcción del edificio se presentó como una solución a la escasa oferta educativa en ciencias de la salud en Nayarit, pero varios elementos generan escepticismo. En primer lugar, la inversión inicial anunciada en 2024 rondaba los 35 millones de pesos, y ahora se habla de más de 48 millones sin que se haya transparentado con claridad el desglose ni las posibles modificaciones al proyecto. En un estado con graves carencias en infraestructura hospitalaria y educativa, surge la duda legítima: ¿por qué destinar decenas de millones a un edificio de docencia cuando faltan camas, equipo y personal en los hospitales públicos?
El propio gobernador expresó “mucha confianza” en que esta escuela de medicina se convierta eventualmente en un Hospital Escuela y abra carreras adicionales como Odontología, Enfermería, Química, Biología y Bacteriología. Sin embargo, estas promesas suenan familiares: en los últimos años, múltiples anuncios de expansión educativa y de salud en Nayarit han quedado en el limbo o en etapas preliminares eternas. La ausencia de plazos concretos, convenios firmados con instituciones de salud para las prácticas clínicas y un plan presupuestal definido para las fases futuras convierten estas declaraciones en meras aspiraciones políticas más que en proyectos viables.
Además, la Universidad Politécnica del Estado de Nayarit no es ajena a críticas por su capacidad limitada para absorber una carrera tan demandante como Medicina. Formar médicos competentes requiere no solo aulas y laboratorios, sino hospitales de enseñanza con alta complejidad, cuerpo académico especializado y convenios sólidos con el sector salud —elementos que, hasta el momento, no se han consolidado en la UPEN. Mientras tanto, la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN), la institución tradicional en formación de médicos en el estado, enfrenta problemas financieros crónicos y falta de apoyo gubernamental, lo que genera cuestionamientos sobre posibles duplicidades y dispersión de recursos escasos.
En un contexto donde Nayarit registra rezagos importantes en indicadores de salud y acceso a servicios médicos, la apertura de este edificio sin un ecosistema completo de formación clínica representa más un acto simbólico que una respuesta estructural a las necesidades reales de la población. Los nayaritas merecen transparencia sobre el uso de cada peso invertido y, sobre todo, resultados tangibles: egresados bien formados que atiendan con calidad en comunidades marginadas, no solo cintas cortadas y discursos optimistas.
Por ahora, el nuevo edificio de Medicina en la UPEN parece ser otro ejemplo de cómo las buenas intenciones —o las buenas fotos— no sustituyen a una planeación seria y sostenida en el tiempo. La salud de los nayaritas no puede seguir dependiendo de promesas futuras; necesita hechos presentes.
