El Gobierno de Nayarit “garantiza” abasto de vacunas contra sarampión… mientras el brote sigue expandiéndose.

Por Ricardo Reyes.

En medio de un brote activo de sarampión que ya acumula al menos 29 casos confirmados en la entidad entre 2025 y 2026, la Secretaría General de Gobierno, a través de Rocío Esther González, salió a asegurar que existe “abasto suficiente” de biológicos y que la campaña de inmunización se mantiene operativa en centros de salud, hospitales y módulos temporales.

La declaración llega después de que miles de familias nayaritas acudieran de manera preventiva a vacunarse, ante el temor generado por la circulación del virus en municipios como Bahía de Banderas, Tecuala, Compostela y otros. Sin embargo, la insistencia oficial en que “todo está garantizado” contrasta con la realidad epidemiológica: Nayarit no ha logrado contener la enfermedad, que forma parte de un repunte nacional que coloca a México como el país con más contagios de sarampión en América (más de 8,500 casos acumulados y al menos 27 defunciones reportadas hasta inicios de febrero de 2026).

Lejos de ser una historia de éxito preventivo, el mensaje gubernamental suena más a control de daños que a solución efectiva. Mientras las autoridades destacan la disponibilidad de dosis, los números hablan de una transmisión que persiste: al menos 5 casos activos recientes y un total que no deja de crecer. La alta demanda que obligó a instalar macromódulos y reforzar brigadas no es signo de triunfo, sino evidencia de cobertura vacunal históricamente insuficiente que permitió el resurgimiento de una enfermedad que México había logrado mantener bajo control durante años.

Expertos y reportes de la Secretaría de Salud federal han señalado que el brote nacional se relaciona directamente con bajas tasas de vacunación en etapas previas, lo que generó bolsillos de susceptibilidad poblacional. En Nayarit, las promesas de “abasto garantizado” no borran el hecho de que la entidad ya registra decenas de infectados y que la población –especialmente niños, adolescentes y adultos jóvenes– sigue expuesta.

En lugar de autocomplacencia, las familias nayaritas requieren transparencia: ¿cuál es la cobertura real por municipio?, ¿cuántas dosis se han aplicado efectivamente en las últimas semanas?, ¿por qué persisten casos nuevos si supuestamente hay biológico de sobra? Hasta que las cifras de contagios empiecen a descender de forma sostenida, las “garantías” oficiales suenan huecas frente a una enfermedad altamente contagiosa que puede dejar secuelas graves o incluso causar la muerte.

La vacunación sigue siendo la herramienta más efectiva, pero requiere mucho más que comunicados optimistas: demanda seguimiento riguroso, alcance real a comunidades vulnerables y, sobre todo, resultados concretos en la reducción de casos. Por ahora, en Nayarit, el sarampión no entiende de garantías oficiales.

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