Sin Redundar.

Por Carlos Avendaño.

En Salvador Alvarado no colocaron una lona: colocaron un espejo en el IMSS Bienestar. Y lo que reflejó fue la imagen de un gobierno que cierra hospitales con la misma facilidad con la que inaugura excusas. Ahí, a las afueras del extinto IMSS-Bienestar de Guamúchil -cerrado desde agosto como quien baja la cortina y se va a comer- aparecieron nombres y apellidos bien bordados. No para adornar, sino para recordar responsabilidades. Secretarios, alcaldes, exalcaldes reciclados, delegados federales y legisladores: todos muy puestos para la foto, pero ausentes para las urgencias médicas. La protesta no pedía lujos, ni hospitales de primer mundo. Pedía algo elemental: un área de urgencias. Pero en la lógica del nuevo sistema de salud, primero se clausura y luego se improvisa. Primero se presume el IMSS-Bienestar y después se deja a la gente a la buena de Dios y a la mala del gobierno. El hospital se cerró -dicen- por fallas estructurales. Falso. No se estaba cayendo, no era un riesgo inminente. Estaba funcional. Tan funcional como incómodo para el discurso triunfalista. Lo cerraron sin plan, sin presupuesto claro, sin fechas, sin terreno regularizado y, sobre todo, sin vergüenza. Primero dijeron que la obra arrancaba entrando el año. Luego que siempre no. Después que el terreno no era del municipio. Más tarde sacaron un papel “avalando” la propiedad. En resumen: un enredo burocrático mientras la gente enferma se queda esperando. Y aquí viene la pregunta que quema: ¿Por qué cerrar un hospital en agosto si el nuevo -según ellos- se pensaba presupuestar hasta 2026? ¿Por qué la prisa? ¿Para quién o quiénes? ¿O para cumplirle a alguien más arriba, aunque abajo se queden sin atención médica? Porque lo único claro es que cerraron primero y pensaron después, si es que pensaron. Ahora toca esperar a que el gobierno federal tenga humor, agenda y ganas de construir el nuevo hospital. Y mientras tanto, a rezar, a trasladarse a otros municipios o a aguantarse. Eso sí, dinero hay, pero para otras prioridades. Para seguir metiéndole recursos al afamado Malecón de San Pedro, ese monumento al capricho donde el concreto avanza más rápido que las soluciones de salud. Porque al parecer, en Sinaloa es más urgente el paseo dominical que una sala de urgencias. Primero la selfie, luego el pueblo. Primero la obra vistosa, después la vida. Que no nos engañen: esto no es culpa de gobiernos pasados ni de colores partidistas. Este hospital lo cerraron ellos, sin red de protección y sin plan B. Y cuando la salud se administra con desdén, lo que sigue no es transformación: es abandono institucional. Al final, la conclusión es tan simple como brutal: A estos políticos no les importa el pueblo, les importa el puesto. Porque el puesto da poder, el poder da dinero y el dinero… eso sí nunca se queda esperando. Primero la salud y luego la diversión. ¿O acaso no mi estimado lector?…

En MORENA Sinaloa ya empezaron las encuestas milagro: esas que no miden, sino que deciden. Y en la más reciente de manera “extraña” difundida por varios medios, dejaron por fuera a Feliciano Castro Meléndrez, alias: “Compa Chano”, como aspirante a la gubernatura rumbo a 2027. Casualidad, dicen. Claro, tan casual como las imposiciones de antaño. La lista de perfiles “considerados” incluyó a Imelda Castro, Graciela Domínguez, Teresa Guerra, Julio Berdegué, Enrique Inzunza y Juan de Dios Gámez. Todos, menos uno, y no cualquier uno, sino el flamante secretario de Economía del gobierno estatal. La omisión fue tan evidente que provocó bullying interno, lamentos digitales y reclamos de fieles seguidores que no daban crédito al “error” de la dirigencia morenista. Porque el error no fue, sino un mensaje. Nadie discute que Feliciano Castro tenga trayectoria política suficiente para sentarse en la mesa de sucesión. Lo que sí está claro es que no tiene la fuerza política para doblar a la dirigencia, y eso en MORENA pesa más que cualquier currículum. Aquí no gana el que quiere, sino el que puede. El “Compa Chano”, aun con liderazgo y reflectores, depende de la aprobación del todavía gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya, quien lo lanzó a la palestra política desde el año 2024. Pero el problema es que el Rochismo ya va sobrecargado con demasiados pasajeros para tan pocos asientos rumbo al 2027. La matemática es brutal. En la encuesta caben, cuando mucho, seis perfiles. Con la paridad de género, el tablero se reduce a tres mujeres y tres hombres. Y del lado masculino hay al menos cinco aspirantes para solo tres espacios. Los números no cuadran y alguien tenía que quedarse fuera. Y esta vez, el sacrificado fue “Compa Chano”. Para colmo, el proceso no depende solo del gobernador. Desde Palacio Nacional también juegan, y no precisamente con cartas sinaloenses. Hay favoritos, hay vetos y hay líneas que no se anuncian, pero se cumplen. La famosa encuesta, en el fondo, huele a viejo PRI. A consejo político disfrazado, a simulación democrática, a faramalla estadística para justificar lo que ya está decidido. Cambiaron los colores, no las prácticas. Y entonces surge la pregunta incómoda, la que nadie en MORENA quiere responder: ¿Por qué tanto miedo a las elecciones internas? ¿Por qué tanto brinco, si según ellos el suelo está parejito? Tal vez porque saben que cuando se vota de verdad, el control se diluye. Y eso, para un partido que nació criticando las imposiciones, resulta ser su mayor pecado original. En MORENA, la encuesta ya habla, aunque nadie la haya escuchado votar. Suyos los comentarios, estimado lector…

El Congreso de Sinaloa decidió apagar la luz y luego presumir que todo se ve mejor a oscuras. Entre protestas de la oposición, se aprobó la extinción de la Comisión Estatal de Acceso a la Información Pública (CEAIP), organismo incómodo cuya principal falla fue insistir en algo imperdonable para la 4T: la transparencia. La CEAIP dejará de existir una vez que se aprueben las leyes secundarias derivadas de la reforma constitucional. Todo muy legal, muy institucional y muy “transformador”. Porque nada representa mejor a la “Cuarta Transformación” que eliminar a quien pregunta, quien revisa y quien exige cuentas. Vaya transformación: pasamos del “no somos iguales” al “no preguntes”. Del discurso de rendición de cuentas a la práctica de opacidad con respaldo legislativo. Y no, no es modernización y simplificación administrativa: es regresión pura y dura envuelta en narrativa ideológica. La oposición patalea, protesta y denuncia. Puede seguir haciéndolo. MORENA tiene los votos, tiene el control y tiene muy claro el objetivo: menos transparencia, más discrecionalidad. Porque un gobierno que se dice honesto no debería temer a la información, salvo que la información incomode. El mensaje es clarísimo: la transparencia estorba, la rendición de cuentas se retrasa y los organismos autónomos son molestos cuando no se alinean. Mejor concentrar todo en el poder, donde las decisiones no se explican, solo se anuncian. La desaparición de la CEAIP no es un ajuste técnico: es un retroceso democrático. Es decirle al ciudadano que preguntar está de más y que confiar a ciegas es ahora política de Estado. Que saber en qué se gasta el dinero público es un lujo innecesario. Pero no nos confundamos: no es que la transparencia haya fallado, es que funcionaba. Y por eso había que extinguirla…

El expresidente Ernesto Zedillo Ponce de León, ventilò al gobierno federal de la 4T, porque le da al expresidente Andrés Manuel López Obrador, una pequeña pensión de tan solo 350 mil pesos mensuales. No conforme con haber dejado al país como está de mal en peor, AMLO recibe una mega pensión y protección de la SEDENA…

El que siembra acarreados, es porque no cosecha resultados. Triste realidad que se vive en casi todo México…

COLOFÓN. Este año 2026 les deseo muchísima salud, porque ni en el IMSS ni en el ISSSTE no hay medicamentos…

Aplíquese donde quepa: “Pueblo de ovejas, gobernado por una junta de lobos, para beneficio de unos buitres.” …

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