Por Ricardo Reyes.
En las calles empedradas de Tepic y las sierras remotas de Huajicori, la paz parece un recuerdo lejano. Nayarit, el estado costero conocido por sus playas idílicas y comunidades indígenas, enfrenta un incremento alarmante de la violencia que se manifiesta en dos frentes: la brutalidad del narcotráfico que desangra sus territorios rurales, y una epidemia de violencia de género que permea los hogares. Mientras el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero anuncia reformas legislativas para endurecer penas, las cifras oficiales y los testimonios de la gente revelan un panorama sombrío: homicidios en ascenso, familias desplazadas y mujeres que denuncian con creciente temor. Este reportaje explora las raíces, el impacto y las respuestas a esta escalada, en un estado que, pese a su bajo índice general de criminalidad, se tambalea ante la impunidad.
Las Cifras que No Mienten: Un Aumento que Preocupa.
Nayarit ocupa el puesto 28 a nivel nacional en incidencia delictiva general, con solo el 0.67% de los delitos reportados en septiembre de 2025, según el mapa de seguridad de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC). Sin embargo, detrás de esta aparente tranquilidad se oculta un repunte en los delitos más letales y destructivos. De enero a noviembre de 2025, el estado registró un aumento del 14.13% en homicidios dolosos comparado con el mismo periodo de 2024, colocándolo entre las entidades con mayor incremento, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). En octubre, la tasa de homicidios anualizada alcanzó los 21.9 por cada 100 mil habitantes, con 25 asesinatos reportados solo en ese mes.
Pero la violencia no se limita a las balas. La violencia familiar es el delito más frecuente, con 10,623 casos acumulados desde 2021, seguido de 1,454 violaciones sexuales simples o equiparadas, y 37 feminicidios en el mismo lapso. En 2025, se registraron ocho intentos de feminicidio, un indicador que, pese a las reformas previas, refleja una tendencia al alza. El narcomenudeo, otro foco rojo, se posiciona como el segundo delito más común, impulsado por la disputa entre cárteles que ha permeado la región. Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2025 del INEGI, de los 201,582 delitos estimados en el estado, el 72.2% involucra a víctimas presentes, y la extorsión afecta a una tasa de 5,344 por cada 100 mil habitantes.
El Índice de Paz México 2025, publicado por el Institute for Economics & Peace, posiciona a Nayarit en el top 5 de estados más pacíficos (junto a Yucatán, Tlaxcala, Durango y Chiapas), gracias a una mejora del 0.7% en paz general a nivel nacional. No obstante, advierte que los crímenes de delincuencia organizada han deteriorado un 60% desde 2015, con el narcomenudeo como principal motor. En Nayarit, este indicador se agrava por la proximidad con Sinaloa, donde la guerra interna entre facciones del Cártel de Sinaloa ha exportado su caos.
La Sombra del Narcotráfico: Pueblos Originarios en la Mira.
En la sierra nayarita, donde los pueblos originarios Náayeri, Wixárika, Meshikan y O’dam custodian sitios sagrados, la violencia no es abstracta: es un despojo territorial que deja familias enteras huérfanas. Desde 2010, la imposición de megaproyectos –carreteros, hidroeléctricos, mineros y turísticos– ha generado conflictos que se entreveran con la guerra entre el Cártel de Sinaloa (CS) y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Esta disputa, intensificada durante el gobierno de Roberto Sandoval Castañeda (2011-2017) por la articulación entre poder político y crimen organizado, ha escalado en 2025.
En Huajicori, epicentro de la crisis, se reportan «hechos de violencia» continuos: familias desplazadas, vidas inocentes arrebatadas y comunidades sin acceso a atención médica. La candidata a diputada Ivideliza Rodríguez denunció recientemente: «En Huajicori y en toda nuestra sierra, la vida se ha vuelto más difícil: familias desplazadas por la violencia, vidas inocentes arrebatadas». Autoridades han reforzado operativos de seguridad, pero la ausencia estatal –o su complicidad– permite que los cárteles controlen rutas de trasiego y extorsión. En agosto de 2025, ecos de violencia en la región señalaron una «limpia» interna en el CJNG, con exmiembros mazatlecos volteándose contra sus líderes, lo que podría extender el conflicto a Nayarit.
Este escenario no es aislado. México Evalúa identificó a Nayarit entre los cinco estados con mayor incremento de violencia letal en 2025, junto a Sinaloa (74.2% de alza), Hidalgo, CDMX y Baja California Sur. La proximidad geográfica amplifica el problema: la guerra en Sinaloa, con más de 1,400 muertes en nueve meses hasta junio, ha desplazado células criminales hacia la frontera nayarita.
Violencia de Género: El Terror en los Hogares.
Mientras las sierras arden por plomo, los hogares nayaritas se convierten en campos de batalla invisibles. Nayarit ocupa el séptimo lugar nacional en violaciones, con un repunte en tentativas de feminicidio pese a reformas previas. El 70% de estos delitos no se denuncian, por miedo, vergüenza o desconfianza en la justicia, según el gobernador Navarro Quintero.
En respuesta, el Congreso local aprobó el 6 de diciembre reformas al Código Penal que elevan penas por violencia familiar a 4-9 años de prisión (hasta 5-11 si es por razones de género), y por violación a 15-25 años en casos simples, o 20-35 en agravados. Estas medidas, impulsadas por el Ejecutivo, incluyen multas superiores a 60 mil pesos, pérdida de patria potestad y eliminación de privilegios procesales. Además, se reconoció la violencia vicaria –ataques a hijos para dañar a la expareja– con penas de 1-8 años, posicionando a Nayarit en el lugar 23 nacional en este delito.
La Cruzada Estatal Contra la Violencia hacia la Mujer, lanzada por el DIF Nayarit, ha generado más de 3,000 denuncias y 200 detenciones en semanas recientes, un signo de mayor confianza ciudadana. Campañas en redes sociales, como las del Servicio Nacional de Empleo y Programas para el Bienestar, insisten: «El acoso y abuso sexual NO es normal. Es violencia. ¡Denuncia!». Sin embargo, expertos advierten que las reformas son un paso, pero sin presupuesto para refugios y terapia, la impunidad persiste.
Respuestas del Gobierno: ¿Avances o Parches?.
El secretario de Seguridad, Manases Langarica, reconoce un «ligero incremento» en homicidios, concentrado en la zona norte, pero destaca la colaboración con Guardia Nacional y Sedena. Nayarit se ubica en el lugar 19 nacional en homicidios dolosos y 17 en narcomenudeo, pero el enfoque en inteligencia y prevención parece insuficiente ante la infiltración criminal. En noviembre, el Congreso aprobó reformas contra la extorsión, incorporando tecnología para investigaciones y bloqueando llamadas desde prisiones.
A nivel federal, la SSPC reporta operaciones contra grupos criminales en Nayarit, pero la percepción de inseguridad es alta: el 73.6% de los nayaritas se siente vulnerable, según el Índice de Paz. Iniciativas como los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género buscan sensibilizar, con conferencias sobre violencia digital y mediática.
Voces del Terreno: El Grito Silencioso.
En Huajicori, una madre indígena –quien prefiere anonimato por temor– comparte: «Los niños no van a la escuela por los balazos. Y en casa, mi hermana sufre golpes que nadie ve». En Tepic, activistas como Brisa Elena Reséndiz, del Frente Nacional Contra la Violencia Vicaria, celebran las reformas pero exigen más: «Es hora de que el Estado proteja, no solo castigue».
Hacia un Futuro sin Sangre: Retos Pendientes.
Nayarit, con su belleza natural y su quinto lugar en paz estatal, no puede resignarse a ser un apéndice de la guerra sinaloense ni un refugio para abusadores domésticos. Las reformas son un avance, pero sin erradicar la corrupción política –heredada de gestiones pasadas– y fortalecer la presencia en sierras olvidadas, la violencia seguirá en aumento. El desafío es claro: transformar las leyes en acciones que devuelvan la tranquilidad a un estado que merece más que promesas. Mientras tanto, en las sombras de la sierra y los umbrales de los hogares, la esperanza resiste, pero urge que el gobierno la ilumine.
