Por Carlos Avendaño.
“La Mesa del Desencuentro”. La reunión que prometía ser “el gran punto de inflexión” entre el gobierno federal y los agricultores, terminó como casi todo en este sexenio: en un portazo, un berrinche institucional y un silencio que huele a fuga de responsabilidad. Los agricultores llegaron con la esperanza de que la nueva Secretaría de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, pusiera orden. Pero al parecer la única “orden” vigente era hacerlos esperar más de tres horas como si fueran becarios rogando por su primera chamba. Mientras tanto los campesinos tienen años pidiendo auxilio, en la mesa de Bucareli parecía que esperaban que el conflicto se resolvía solo. Yako Rodríguez, se levantó de la silla después del maratón de una larga espera, lo con la elegancia de quien entiende el mensaje político: “Siéntense, pero no demasiado porque aquí nadie les resolverá nada”. Y ahí soltó la frase del día: “La crisis la provocaron ustedes”. Los puntos inamovibles de los productores no eran ninguna sorpresa: retirar la ley de aguas envenenada, reactivar los precios de garantía y los créditos. Nada del otro mundo, nada irreal, nada que no hayan exigido desde hace años. Pero el gobierno, fiel a su estilo, respondió con absolutamente nada. Ni una línea, ni un borrador, ni una servilleta con promesas garabateadas. Eso sí, sí hubo una respuesta a medias: “Liberen las carreteras y seguimos platicando”. Es decir, el clásico “Tú afloja primero y ya veremos”. Una estrategia de negociación digna de quien cree que gobernar es mandar recaditos pasivo-agresivos. Yako fue más claro: “Prefiero que metan al Ejército”. Porque para los gobiernos, cuando el campo protesta, no son ciudadanos: son obstáculos. Pero cuando hay elecciones, ah, entonces sí, el campo es pueblo bueno, sabio y lleno de esperanza. Tras el rompimiento, los líderes en varios estados decidieron endurecer los bloqueos. ¿De verdad nadie en el gobierno pensó que esa era una consecuencia obvia? ¿O se están haciendo? Y mientras tanto, Gobernación cerró la boca con un silencio que hace eco: no hubo posicionamiento oficial. Tal vez porque no saben qué decir, tal vez porque no quieren decirlo, o tal vez, porque están esperando que la crisis se solucione mágicamente con un comunicado de madrugada. Lo que sí es claro es que el campo mexicano le acaba de declarar la guerra al gobierno federal. Y esta vez no es una guerra metafórica: es una guerra logística, económica, política. Una guerra que el gobierno pudo haber evitado, pero que decidió ignorar. Y sí: esto apenas comienza. Porque donde no hay diálogo, hay una ruptura real. Y donde no hay soluciones, existen los bloqueos. Y donde no hay política pública al campo mexicano, existe el caos…
El todavía gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, ya no es solo un problema local: se convirtió en un estorbo nacional. Un personaje incómodo para la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, para Morena y -lo más grave- para el propio pueblo sinaloense que dice gobernar entre susurros, silencios y tropiezos. Desde Palacio Nacional lo saben. Por más recursos, apoyos y paracaídas políticos que se le han enviado, Sinaloa se ha convertido en una crisis con patas que ya no se puede maquillar con discursos ni justificar con culpables imaginarios. En el Ejecutivo ya no hablan de acompañamiento: hablan de contención, de cómo administrar un incendio sin que queme el proyecto presidencial. Porque hay que decirlo claro: Rocha Moya, pasó de ser un aliado “de confianza” a convertirse en un lastre incómodo, un recordatorio viviente de cómo MORENA también fabrica sus propios problemas, y bien costosos. Sinaloa, un estado con potencial gigantesco, hoy navega entre polémicas, torpezas y desplantes. Una experiencia lamentable para quienes creyeron que esta administración Rochista, transformaría algo más que el color de las lonas gubernamentales. Y sí, el origen de esta tragedia política no se entiende sin mirar atrás: la herencia de un liderazgo que impuso gobernantes como si fueran productos de catálogo, bajo la promesa eterna de que “todo va a estar bien”, mientras la realidad demuestra todo lo contrario. Pero más allá de nombres y apodos, lo cierto es simple: MORENA ha sido, para Sinaloa, un experimento fallido. Un proyecto que llegó prometiendo dignidad y terminó entregando desencanto. Un gobierno que presume limpiar la corrupción mientras se tropieza diariamente con su propio cinismo. El resultado está a la vista: un gobernador aislado, un partido incómodo, un gobierno federal preocupado y un pueblo sinaloense cansado. MORENA, en Sinaloa, no fue la esperanza, fue el recordatorio de que el poder sin rumbo siempre acaba en desastre…
Flor Emilia Guerra Mena, flamante secretaria de Pesca en Sinaloa, es quizá el ejemplo más perfecto de la ironía institucional mexicana: una funcionaria que habla del mar como quien presume conocer París por haber visto alguna postal. Porque vaya ironía -y de las buenas- escuchar a Flor Emilia criticar que el sector pesquero “Se acostumbró a recibir respaldo económico del gobierno”. ¿Perdón? ¿En serio lo dijo alguien que lleva años viviendo de los presupuestos públicos, rotando cargos, oficinas y comisiones como si fuese parte de un programa de lealtades y no de servicio público? Y todavía algo más curioso: ella, que ha hecho campaña precisamente aprovechando esta necesidad que ahora reprueba, pretende dar lecciones de disciplina financiera al sector que sostiene a miles de familias y que enfrenta mareas económicas, ambientales y políticas que ella ni siquiera puede ver desde el escritorio en donde está sentada en el aire acondicionado. El sector pesquero sinaloense no necesita improvisados con gafete. Necesita liderazgo real, conocimiento del mar, experiencia de verdad, no cuotas morenistas ni compromisos de campaña disfrazados de nombramientos. Tanto así que hasta el todavía gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya -que no es precisamente un poeta del tacto- dijo que Flor Emilia solo conocía los camarones en los cocteles de mariscos. Y por esta única vez, no estaba exagerando. El mar sinaloense no puede seguir siendo moneda de cambio político, ni laboratorio de ocurrencias de quienes ven a los pescadores como “sector”, pero jamás como personas. La verdad es simple: A Flor Emilia el cargo le quedó super requeté grande. Y al sector pesquero le quedó super requeté claro que el problema no es el mar, el problema es quién lo gobierna desde tierra firme…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
Facebook: Carlos Avendaño Twitter: @Carlosravendano http://www.carlosavendano.mx
hectormunoz.com.mx - lagaceta.me - entreveredas.com.mx - rrcagenciainfomativa.com – nexusmedia.com – entreredes.com.mx

Libre de virus.www.avg.com