CDMX (RRC): En un contexto de recuperación económica post-pandemia y reformas estructurales, México ha registrado en 2025 una tendencia alentadora en materia de pobreza laboral. Este indicador, que mide el porcentaje de la población cuyos ingresos derivados del trabajo no alcanzan para cubrir la canasta alimentaria básica, ha mostrado una baja significativa, alcanzando niveles inéditos en su historia. Sin embargo, persisten brechas regionales y de género que recordándonos que el camino hacia la equidad es largo. Este artículo explora las cifras recientes, las causas detrás de esta mejora y los desafíos pendientes, con base en datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y análisis de expertos.
Tendencias Recientes: Del Mínimo Histórico a una Ligera Fluctuación
El año 2025 inició con una noticia histórica: en el primer trimestre (1T), la pobreza laboral descendió al 33.9% de la población, el nivel más bajo desde que se mide el indicador en 2005. Esto representó una reducción de 1.9 puntos porcentuales (pp) respecto al mismo periodo de 2024 (35.8%), beneficiando a unos 44.2 millones de personas que aún no cubren sus necesidades alimentarias básicas con sus ingresos laborales. La informalidad laboral también bajó ligeramente a 54.3%, correlacionada directamente con la pobreza, ya que los empleos informales suelen ofrecer salarios precarios.
Sin embargo, el panorama se complicó en el segundo trimestre (2T), cuando la tasa repuntó a 35.1%, un incremento de 1.2 pp respecto al 1T y de 0.1 pp anual. Este rebote se atribuyó a presiones inflacionarias y estancamiento en el crecimiento del ingreso real per cápita, que solo avanzó un 1.05% anual. Afortunadamente, el tercer trimestre (3T) —cuyos datos se publicaron el 27 de noviembre de 2025— mostró una recuperación, con la tasa bajando a 34.3%, una disminución de 0.8 pp anual (de 35.1% en 3T2024) y de 0.8 pp trimestral. En zonas urbanas, la baja fue más pronunciada (de 30.7% a 30.2%), mientras que en rurales se mantuvo casi estable (48.4%).
A nivel nacional, 24 de las 32 entidades federativas reportaron mejoras anuales en el 3T, con reducciones destacadas en Tlaxcala, Aguascalientes e Hidalgo. No obstante, ocho estados experimentaron repuntes, subrayando la volatilidad regional. Estos datos, elaborados por el INEGI tras la transferencia de funciones del extinto Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) en 2025, mantienen la metodología anterior para garantizar comparabilidad.
Factores Clave Detrás de la Baja: Políticas Públicas y Crecimiento Económico
La disminución de la pobreza laboral no es casualidad, sino el resultado de una combinación de políticas focalizadas y dinamismo económico. El principal impulsor ha sido el incremento sostenido del salario mínimo, que acumula una recuperación real del 132.4% desde 2018. Según la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, este ajuste sacó de la pobreza laboral a 6.64 millones de personas entre 2018 y 2024, extendiendo sus efectos a 2025. De hecho, la pobreza laboral general cayó de 51.9 millones de personas en 2018 a 38.5 millones en 2024, con un impacto directo en el empleo digno.
Otro pilar son las transferencias públicas no contributivas, como becas y programas sociales, que según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) contribuyeron a posicionar a México como el cuarto país de la región con mayor reducción de pobreza en 2025 (3.1% anual). Estas medidas fortalecieron los ingresos por trabajo, elevando el ingreso laboral real per cápita en entidades como Quintana Roo (12.1%) y Yucatán (9.8%). Además, el crecimiento del PIB estatal —con una elasticidad negativa de -0.57% respecto a la pobreza— ha jugado un rol clave, especialmente en regiones con mayor inversión en infraestructura.
La baja en la informalidad (de 54.5% en 4T2024 a 54.3% en 1T2025) también ha sido un catalizador, al correlacionarse con tasas más bajas de pobreza en estados como Baja California Sur (13.2%) y Quintana Roo (20.1%). En resumen, la «Cuarta Transformación» ha priorizado la dignidad laboral, dejando atrás paradigmas neoliberales que perpetuaban la precariedad.
Brechas Persistentes: Género, Ruralidad y Desigualdad Regional
A pesar de los avances, la pobreza laboral sigue afectando desproporcionadamente a ciertos grupos. Las mujeres representan el 113% de los hombres en esta situación: en el 2T2025, el 37.3% de ellas vs. 32.7% de ellos, con brechas salariales de hasta 20 centavos por peso masculino. En 22 entidades, la informalidad es mayor para mujeres, exacerbada por la carga de cuidados no remunerados.
La disparidad rural-urbana es alarmante: el 48.4% de la población rural vive en pobreza laboral, frente al 30.2% urbano. Estados del sur como Chiapas (61.1%), Oaxaca (58.1%) y Guerrero (52.3%) concentran las tasas más altas, cinco veces superiores a las de Baja California Sur (12.9%). Estas brechas territoriales reflejan carencias en infraestructura y vulnerabilidad estructural, donde el dinamismo económico no llega.
Desafíos y Recomendaciones: Hacia un Empleo Digno Inclusivo
Aunque la meta del Semáforo Económico de México ¿Cómo Vamos? es reducir la pobreza laboral por debajo del 20.5%, el actual 34.3% indica que el empleo por sí solo no basta: se necesita trabajo productivo y equitativo. La inflación —con elasticidad positiva en la pobreza— y la volatilidad en la masa salarial (baja de 2.8% en 2T2025) amenazan los logros. Además, la transferencia de mediciones del CONEVAL al INEGI genera incertidumbre técnica, pese a la continuidad metodológica prometida.
Para avanzar, expertos recomiendan: 1) Acelerar la formalización laboral con incentivos fiscales; 2) Fortalecer programas de equidad de género en el empleo; 3) Invertir en el sur para reducir brechas regionales; y 4) Monitorear el impacto de la inflación en las canastas básicas (3,362 pesos rurales y 4,685 urbanos mensuales). La CEPAL enfatiza promover la movilidad social y la cohesión mediante crecimiento inclusivo.
Conclusión: Un Paso Adelante, pero no el Destino Final
La baja en la pobreza laboral en México durante 2025 —de un mínimo histórico en enero a una tasa de 34.3% en noviembre— es un logro que celebra la resiliencia de millones y la efectividad de políticas como el alza al salario mínimo y las transferencias sociales. Sin embargo, con 44 millones aún en vulnerabilidad y brechas que perpetúan desigualdades, este avance debe ser el trampolín para reformas estructurales. En un país donde uno de cada tres trabajadores no cubre lo básico, el verdadero éxito se medirá no solo en cifras, sino en la dignidad cotidiana de todos los mexicanos. El 2026 será clave para consolidar esta tendencia y asegurar que el progreso sea inclusivo y sostenible.
