Guinea-Bissau (RRR): Este jueves 27 de noviembre, el Ejército del país africano ha consolidado su asonada al designar al general Horta N’Tam como «presidente de transición», inaugurando un gobierno militar que supervisará un período de un año. La noticia, anunciada a través de la televisión estatal, llega apenas días después de unas elecciones presidenciales disputadas, donde tanto el mandatario saliente como su principal rival opositor se proclamaron vencedores. Este evento no solo reaviva los fantasmas de la inestabilidad histórica de la nación, sino que también enciende las alarmas en la comunidad internacional sobre la oleada de golpes militares en África Occidental.
El telón de fondo: Elecciones tensas y un país en ebullición.
Guinea-Bissau, un pequeño estado costero de África Occidental con poco más de dos millones de habitantes, ha sido escenario de múltiples crisis desde su independencia de Portugal en 1974. El país, uno de los más pobres del mundo según indicadores del Banco Mundial, depende en gran medida del comercio de anacardos y ha lidiado con corrupción endémica, narcotráfico y un Ejército influyente en la política. Desde la independencia, ha sufrido al menos cuatro golpes exitosos (en 1980, 1998-99, 2003 y 2012), además de varios intentos fallidos, lo que ha impedido la consolidación de instituciones democráticas estables.
Las elecciones del domingo 23 de noviembre fueron el detonante inmediato. En ellas, el presidente Embaló, en el poder desde 2020 tras una victoria controvertida, buscaba la reelección frente a un campo opositor fragmentado. Su principal contendiente, Fernando Dias da Costa, del Partido de Renovación Social (PRS), denunció irregularidades y se autoproclamó ganador poco después del cierre de urnas. Embaló hizo lo propio, alegando una victoria ajustada. El recuento, programado para este jueves, nunca se completó: el miércoles 26, disparos resonaron en la capital, Bissau, cerca del Palacio Presidencial y la comisión electoral, seguidos de un comunicado militar que declaraba el «control total» del país.
El portavoz del Ejército, Dinis N’Tchama, justificó la intervención como un «plan para salvaguardar la democracia y la estabilidad política», amenazadas por supuestas «desestabilizaciones». Sin embargo, la oposición, incluyendo el histórico Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC), califica el suceso de «autogolpe» orquestado por Embaló para evitar una derrota electoral. Fuentes opositoras afirman que el presidente, junto con altos mandos como el jefe de las Fuerzas Armadas Biague Na Ntan y el ministro del Interior Botche Candé, permanece bajo arresto domiciliario, aunque su paradero exacto no ha sido verificado de forma independiente.
Horta N’Tam: De aliado a figura central del golpe.
El general Horta N’Tam, de 58 años, emerge como la cara visible de esta junta militar. Hasta el golpe, ocupaba el cargo de jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, una posición a la que ascendió en 2020 bajo el mandato de Embaló, quien lo había promovido previamente desde su rol como comandante de la Guardia Nacional. N’Tam, un oficial experimentado y figura cercana al círculo presidencial, juró este jueves como presidente interino y jefe del Alto Mando Militar en una ceremonia transmitida por la televisión estatal, custodiada por soldados en el cuartel general de Bissau.
En su discurso inicial, N’Tam prometió un «período de transición de un año» para «restaurar el orden y preparar elecciones libres». Entre las medidas inmediatas decretadas por la junta figuran: la disolución de todas las instituciones civiles, la suspensión del proceso electoral, el cierre de medios de comunicación y un toque de queda nocturno de 19:00 a 6:00 horas. Además, se ha restringido el acceso a redes sociales, una herramienta clave para la movilización ciudadana en un país donde las radios comunitarias y Facebook son fuentes primarias de información. «La prioridad es mantener el orden público», enfatizó N’Tam, aunque no detalló cómo se formará el nuevo gobierno ni qué rol jugarán los partidos políticos.
La designación de N’Tam ha generado escepticismo. Analistas señalan su lealtad histórica a Embaló, lo que alimenta teorías de que el golpe podría ser una maniobra interna para perpetuar el poder del expresidente bajo una fachada militar. «Es paradójico que un general promovido por Embaló lidere ahora su derrocamiento», comentó un observador de la Unión Africana en Bissau.
Reacciones: Condena internacional y protestas contenidas.
La comunidad internacional ha respondido con rapidez y unanimidad. La Unión Africana (UA), a través de su presidente de la Comisión, Mahmoud Ali Youssouf, condenó «de forma inequívoca» el golpe y exigió la liberación inmediata de Embaló y otros detenidos, reafirmando su «firme apoyo al pueblo guineano en la consolidación democrática». La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) y la Unión Europea han suspendido ayuda no humanitaria y amenazado con sanciones, recordando intervenciones previas en golpes regionales como los de Malí (2020), Burkina Faso (2022), Níger (2023) y Guinea (2021).
En el terreno local, la capital Bissau amaneció este jueves con una calma tensa. A pesar de las patrullas militares y el cierre de fronteras aéreas, los comercios y el transporte público reanudaron operaciones graduales. La oposición, liderada por Dias da Costa y el PAIGC de Domingos Simões Pereira (quien también fue detenido brevemente), convocó protestas pacíficas para exigir la publicación de resultados electorales y la restauración del orden constitucional. «No aceptaremos que un puñado de generales robe la voluntad del pueblo», declaró Dias en un video difundido antes del corte de internet.
Sin embargo, la respuesta popular ha sido moderada, posiblemente por el temor a la represión. Periodistas locales reportan que observadores electorales de la CEDEAO y la UA, presentes en el país, fueron testigos de los primeros disparos cerca del Palacio Presidencial, apenas 20 minutos después de reunirse con Embaló.
Implicaciones: Un patrón regional que amenaza la estabilidad.
Este golpe se inscribe en una preocupante tendencia de intervenciones militares en África Occidental, donde elecciones controvertidas y crisis económicas han erosionado la confianza en las urnas. Guinea-Bissau, con un PIB per cápita de apenas 800 dólares anuales y tasas de pobreza superiores al 70%, enfrenta ahora el riesgo de aislamiento económico y mayor inestabilidad. El narcotráfico, que utiliza el país como puente hacia Europa, podría intensificarse en el vacío de poder.
Para N’Tam y su junta, el desafío es doble: legitimar su transición ante una población hastiada de promesas incumplidas y resistir la presión internacional por un retorno rápido a la democracia. Si el período de un año se extiende, como en casos previos, Guinea-Bissau podría sumarse a la lista de «repúblicas bananeras» militares. Mientras tanto, el pueblo guineano, resiliente ante décadas de turbulencia, espera que esta sea la última página de un capítulo demasiado largo.
La evolución de los hechos se monitorea de cerca. Por ahora, el general Horta N’Tam sostiene las riendas, pero en un país donde el Ejército ha sido tanto salvador como verdugo, nada está garantizado.
