El Rastro Municipal de Tepic ya no sonríe.

Un Espacio Histórico Hundido en el Abandono Total.

Por Ricardo Reyes.

En el corazón de la zona industrial de la ciudad, se erige el Rastro Municipal de Tepic, un complejo que data de décadas atrás y que, en teoría, debería ser el epicentro de la sanidad alimentaria para miles de familias nayaritas. Sin embargo, en los últimos años, este sitio ha caído en un estado de deterioro alarmante, convirtiéndose en un símbolo de negligencia institucional. Reportes de auditorías, cierres sanitarios y denuncias ciudadanas pintan un panorama de insalubridad, corrupción potencial y abandono crónico que pone en riesgo la salud pública y la economía local.

Una Historia de Decadencia: De Instalación Esencial a Vertedero Improvisado.

El Rastro Municipal, ubicado en la Calle Camino al Rastro Municipal en la colonia Ciudad Industrial, fue registrado formalmente en julio de 2010 como una unidad económica dedicada a la «matanza de ganado, aves y otros animales comestibles». Su objetivo principal es garantizar el sacrificio higiénico de bovinos, porcinos y aves, suministrando carne fresca a mercados como el Mercado Municipal y Nayarabastos. En su mejor momento, en las décadas de los 40 y 50, era un orgullo local, como documentan fotografías históricas que lo muestran como un centro eficiente y ordenado.

Pero el abandono comenzó a gestarse mucho antes. Documentos de planeación estatal revelan que, desde administraciones pasadas, se identificaron «problemáticas» en los procesos de sacrificio, como la falta de techos adecuados y sistemas de control interno deficientes. Un plan de modernización propuesto en informes gubernamentales destacaba la necesidad de actualizar instalaciones para manejar eficientemente el ganado bovino y porcino, pero estas propuestas quedaron en papel mojado. Hoy, el sitio carece de mantenimiento básico: techos colapsados, pisos agrietados y acumulación de desechos orgánicos que atraen plagas. «No tienen techo por ejemplo, al realizar el sacrificio de los animales se hacía en pésimas condiciones», denunció en su momento Carlos Alberto Cedano Saucedo, contralor municipal, al iniciar una auditoría en 2023.

Esta negligencia no es solo estética. El rastro ha sido escenario de emergencias sanitarias que exponen su obsolescencia. En diciembre de 2022, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) ordenó su cierre temporal tras la muerte repentina de cerdos, descartando fiebre porcina africana pero sospechando de Actinobacillus pleuropneumoniae (APP), una bacteria que afecta la producción porcina. El ayuntamiento confirmó la cuarentena, asegurando que no había riesgo humano, pero el incidente reveló protocolos de inspección precarios: animales observados en condiciones improvisadas, sin aislamiento adecuado. Meses después, el secretario de Salud estatal, José Pérez Munguía, admitió «deficiencias sanitarias» en el sistema de sacrificio, prometiendo reformas en instalaciones y procesos que, hasta la fecha, no se han materializado.

Impactos en la Salud Pública y la Economía Local: Carne en Riesgo y Familias Afectadas.

El deterioro del rastro trasciende sus muros. Como principal proveedor de carne para Tepic, su insalubridad amenaza directamente a consumidores. La acumulación de residuos atrae roedores y vectores de enfermedades, mientras que el sacrificio al aire libre —bajo lluvias o sol abrasador— facilita contaminaciones cruzadas. Expertos en sanidad animal señalan que estas condiciones violan normas federales de la Norma Oficial Mexicana NOM-009-ZOO-1994, que exige instalaciones cerradas y desinfección constante.

Económicamente, el impacto es devastador. Ganaderos locales, que pagan cuotas por el sacrificio, ven reducidos sus ingresos por cierres recurrentes. Vendedores de mercados como Nayarabastos reportan escasez y precios inflados, afectando a familias de bajos recursos. Peor aún, el vacío dejado por el rastro oficial ha fomentado «rastros clandestinos», como el descubierto en diciembre de 2023 en el propio Nayarabastos, donde más de 20 cerdos fueron destazados en banquetas sin higiene, pertenecientes al expendio Bicicarnes. Activistas como Francisco Sandoval Blasco documentaron el horror: cuerpos expuestos, tráilers usados como refrigeradores improvisados y un hedor que invade el mercado. «Esta fuente de contaminación pone en riesgo la salud de las familias capitalinas».

La auditoría iniciada por la presidenta Geraldine Ponce en 2023 profundizó en estas sombras: recursos asignados en administraciones anteriores no se reflejaron en mejoras, sugiriendo irregularidades en adquisiciones y cobros por entrada de animales. «¿Realmente los que se reportan que entran son los que cubren? Podría haber recurso público perdido», cuestionó Cedano. Hasta noviembre de 2025, no hay avances públicos significativos, y el personal —subpagado y expuesto a riesgos— opera en un limbo de inseguridad.

La Voz de la Ciudadanía: Denuncias que Resuenan en las Redes y Calles.

En redes sociales, la frustración hierve. Aunque no hay un torrente específico sobre el rastro en X (anteriormente Twitter), publicaciones locales y nacionales reflejan un patrón de abandono municipal en México. Usuarios de Tepic comparten anécdotas de olores nauseabundos que llegan hasta barrios aledaños y quejas por carne de dudosa procedencia en tianguis. «El rastro es un nido de enfermedades, ¿dónde sacrifican ahora?», pregunta un vecino en foros locales. Activistas ambientales y de salud animal, inspirados en casos como el de Atotonilco en Jalisco —donde un rastro similar fue calificado de «insalubre e indignante»—, exigen transparencia.

El contraste es doloroso: mientras el gobierno estatal presume planes de modernización en documentos como el de la cadena productiva cárnica de Nayarit, la realidad en Tepic es un vertedero olvidado. Comparado con otros estados, donde rastros como el de Guadalajara han invertido en tecnología de bioseguridad, Tepic parece rezagado por décadas.

Hacia un Futuro de Recuperación: ¿Es Posible Rescatar este Legado?.

No todo es fatalidad. El informe de modernización de 2010 proponía soluciones viables: techos metálicos, sistemas de drenaje automatizados y capacitación para inspectores, con un costo estimado accesible vía fondos federales como los del Fideicomiso de Sanidad Animal. La actual administración de Javier Lamarque podría retomar estas ideas, integrando al sector privado para un modelo mixto que alivie la carga fiscal.

Sin embargo, sin presión ciudadana y rendición de cuentas, el abandono persistirá. Organizaciones como la Unión Ganadera Regional de Nayarit urgen auditorías independientes y campañas de concientización. Los tepicenses merecen un rastro que honre su herencia: no un foco de contagio, sino un motor de seguridad alimentaria.

En última instancia, el Rastro Municipal de Tepic no es solo un edificio en ruinas; es un espejo de prioridades olvidadas. ¿Cuánto tiempo más permitirá la autoridad que este pulmón económico se asfixie en su propia mugre? La respuesta depende de una ciudadanía vigilante y gobiernos que actúen antes de que sea demasiado tarde.

Entradas relacionadas

Deja tu comentario