“25N: El negocio de la virtud. Justicia selectiva, omisión institucional y la cómoda industria del discurso”.

Por Javier Zapata.

Cada 25 de noviembre asisten y vemos la misma coreografía institucional; escenarios decorados de color, discursos solemnes, talleres reciclados, fotografías estratégicas y una narrativa tan pulida que parecería, por momentos, impecable. Pero debajo de esa superficie cuidadosamente construida hay una realidad que pocos se atreven a pronunciar con honestidad y humanismo, el Día Internacional Contra la Violencia de Género, se ha transformado en una palabra incómoda, precisa y contundente: NEGOCIO.

Un negocio emocional, político y presupuestal. Una industria de la virtud donde lo correcto se recita, pero rara vez se cumple.

“La retórica del 25N y la arquitectura de la simulación en su máximo resplandor”.

Se ha edificado un discurso donde el Estado aparece como garante absoluto de la protección, un protector infalible que se presume comprometido con las víctimas. Sin embargo, esa construcción narrativa oculta una grieta profunda, la inequidad real del sistema judicial, que en nombre de la defensa legítima ha avalado, permitido y normalizado la fabricación de nuevas víctimas.

Víctimas de un aparato que, por omisión o por conveniencia, ha permitido encarcelamientos derivados de denuncias falsas, expedientes improvisados y decisiones tomadas para satisfacer la estadística y no la justicia.

“El silencio cómplice del sistema”.

La justicia mexicana arrastra un historial que, cuando se mira sin adornos, exhibe un patrón claro:
“La presunción de inocencia dejó de ser un principio para convertirse en un obstáculo administrativo”.

Cuando la autoridad recibe una denuncia que presenta inconsistencias, contradicciones o indicios de manipulación, la obligación legal es investigar con rigor, ponderar de manera equilibrada y evitar atropellos. Pero en la práctica ocurre lo contrario:
se asume, se ejecuta, se acusa, se encarcela.

Esa conducta institucional no es un accidente, ni un error aislado. Tiene nombre jurídico y consecuencias precisas:
• Omisión deliberada
• Omisión institucional
• Negligencia grave del Estado
• Denegación de justicia
• Violación directa a la presunción de inocencia
• Responsabilidad por omisión

“Cuando el Estado calla frente a una denuncia falsa, también violenta”.

Cuando el sistema ignora inconsistencias, también agrede.
Y cuando un inocente es encarcelado para sostener un discurso institucional… la justicia deja de ser justicia y se convierte en propaganda.

La industria de la causa y el espejismo del compromiso.

Lo más revelador del 25N no es lo que se dice, sino lo que se decide callar.

Mientras se multiplican campañas, foros y eventos, el sistema no toca lo esencial:
• Revisar expedientes con señales claras de fabricación.
• Sancionar a quienes instrumentalizan denuncias para obtener beneficios.
• Corregir operadores que actúan con sesgos.
• Transparentar cuántas personas inocentes están privadas de su libertad.
• Limpiar el aparato judicial de inercias que destruyen vidas.

Esa agenda no genera aplausos.
No produce fotografías para redes.
No otorga capital político.
Por eso el 25N funciona tan bien como un negocio, permite hablar hasta el cansancio sin transformar absolutamente nada.

“La violencia institucional: La más silenciosa, la más cómoda, la más lucrativa”.

En México, la violencia de género es real, dolorosamente real, y debe combatirse con toda la fuerza del Estado. Pero, con igual seriedad, debe reconocerse que existe una violencia institucional que opera en sentido opuesto: la que se ejerce contra quienes enfrentan denuncias falsas y son tratados como culpables antes de ser escuchados.

Esa violencia no marcha, no protesta, no llena plazas.

Esa violencia no aparece en discursos oficiales.

Esa violencia no genera recursos etiquetados.

Pero destruye vidas con una eficiencia quirúrgica.

“El 25N y el espejismo moral del Estado”

El problema no es la causa; es la apropiación política de ella.
El problema no es proteger a las víctimas; es hacerlo con un filtro selectivo que blindó la narrativa, pero no la justicia.

“El problema no es el discurso; es que el discurso se volvió sustituto de la acción”.

El 25N debería ser un día para desnudar las contradicciones del sistema, no para maquillarlas.
Debería ser un momento para cuestionar, no para presumir.
Para corregir, no para celebrar.
Para escuchar todas las voces, no solo las que convienen.

La conclusión que incomoda a quienes viven del símbolo.

Mientras la justicia siga siendo selectiva, el 25N seguirá funcionando como un mecanismo de legitimación.
Mientras la agenda se concentre en la visibilidad mediática y no en la revisión profunda del sistema, el Estado seguirá produciendo víctimas en nombre de la protección.
Y mientras se permita que la omisión institucional opere sin consecuencias, la violencia de género seguirá siendo un estandarte… y el negocio seguirá floreciendo.

Porque la justicia que se ejerce por conveniencia no es justicia.

La defensa que se usa como arma política no es defensa.

Y la causa que se convierte en negocio deja de ser causa para transformarse en industria.

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