“Mando Único en Nayarit: Poder sin Humanidad, Seguridad sin Dignidad”.

Por Javier Zapata.

En Nayarit el debate sobre el mando único policial vuelve a la mesa como si fuera una receta milagrosa contra la inseguridad. Quienes lo promueven lo venden como modernización, coordinación y eficiencia. Pero la verdadera pregunta, la que incomoda a la clase política, no es si coordina mejor, sino qué hace con la dignidad humana y qué tipo de Estado produce cuando concentra la fuerza pública sin controles reales.

Porque en esta tierra, donde la violencia institucional ha dejado víctimas que aún no tienen nombre, ni justicia, el mando único, no es una propuesta técnica: es un espejo moral.

Antecedentes: “Un modelo que en Nayarit, nunca nació bien”.

El “mando único” llegó a México como idea federal hace más de una década: centralizar policías municipales bajo un mando estatal para combatir la corrupción, infiltración criminal y falta de profesionalización. Algunos estados lo implementaron formalmente; otros, como Nayarit, lo aplicaron a medias, con convenios incompletos, estructuras improvisadas y un discurso que superaba la realidad.

El debate sobre el mando único en Nayarit, combina dos realidades: por un lado, la necesidad legítima de coordinación para combatir la criminalidad; por otro, el riesgo de concentrar poder policial, sin controles efectivos, lo que facilita prácticas como detenciones arbitrarias, tortura, desapariciones y encubrimiento por parte de autoridades. En Nayarit el mando único ha sido promovido políticamente, pero en la práctica ha existido más coordinación y convenios que una estructura plenamente institucionalizada y con controles sólidos. Las comisiones de derechos humanos estatales y federales han emitido múltiples recomendaciones sobre faltas policiales y omisiones institucionales.

1) ¿Qué significa “mando único” y por qué se propone?

“Mando único” suele referirse a una estructura en la cual la responsabilidad operativa y administrativa de la seguridad pública municipal, se integra o coordina fuertemente con la autoridad estatal (o con un comando unificado), con la intención de homogeneizar protocolos, capacitación, inteligencia y cadena de mando. La propuesta surge cuando hay percepción de policias municipales débiles, corruptas o infiltradas, y la meta oficial es profesionalizar y estandarizar la seguridad.

2) Situación concreta en Nayarit (hechos relevantes)
• Autoridades estatales (incluido el gobernador), han insistido en la necesidad de mando único normativo en el estado.

• Sin embargo, informes y declaraciones oficiales indican que Nayarit, no ha conformado plenamente un mando único; prevalecen convenios de coordinación con municipios y prácticas de facto. Esa distancia entre discurso y estructura legal/operativa crea vacíos de responsabilidad.

• La Comisión Estatal y la CNDH han emitido recomendaciones y reportes abundantes sobre violaciones y deficiencias (detenciones irregulares, tortura, denuncias por desaparición, negligencia en investigaciones), y hay casos mediáticos y sanciones penales contra servidores públicos de seguridad y fiscales.

En Nayarit, el modelo nunca se institucionalizó con claridad:
• se firmaron convenios operativos,
• se transfirieron funciones sin reglas transparentes,
• se tomaron decisiones de facto más que de derecho,
• y la ciudadanía quedó al margen, sin información ni contrapesos.

Lo que se llamó “coordinación” terminó siendo una zona gris donde ni el municipio, ni el estado, asumían responsabilidad plena, cuando algo salía mal.
Y ese vacío histórico, político y moral costó vidas, libertades y dignidades.

La “parte oscura” del sistema: cómo la estructura o la falta de controles favorece violaciones”.

A continuación enumero los mecanismos por los cuales un mando (o la ausencia de controles en su implementación) puede generar o agravar violaciones a derechos humanos:

  1. Concentración sin rendición de cuentas; Cuando el mando único centraliza decisiones operativas sin contrapesos independientes (fiscalía autónoma, supervisión externa), desaparece la trazabilidad de órdenes y aumenta la impunidad. (Carga de prueba: recomendaciones de CNDH y organismos locales sobre falta de seguimiento y responsabilidad).

“La deshumanización como política de seguridad”.

No se necesita tener un doctorado para entenderlo; cuando se concentra la fuerza, sin controles, se deshumaniza.

El mando único, sin regulación estricta y sin supervisión ciudadana, se convirtió en Nayarit en un terreno fértil para violaciones, desapariciones mal investigadas, detenciones arbitrarias, tortura, uso excesivo de la fuerza y omisiones sistemáticas de autoridades, generaron:

  1. Los expedientes se acumulaban; las víctimas se volvían cifras; los desaparecidos se transformaban en estadísticas, sin nombre.

2.Politización y uso selectivo de la fuerza”.
Un mando sujeto a decisiones políticas locales o estatales puede convertir la policía en instrumento de persecución selectiva (hostigamiento a opositores, protesta social, colectividades). Los procesos de depuración y depuración incompleta son críticos. 

  1. Déficit en control interno y externalización de violencia. Cuando la institucionalidad interna sufre (controles débiles, comandantes sin preparación, contratos opacos), se delega violencia a unidades sin capacitación o se permite la convivencia con grupos delictivos. Esto explica patrones de tortura y desapariciones documentadas.
  2. Opacidad en los convenios y trasferencias de recursos
    Convenios mal regulados o “mando de facto” facilitan transferencias opacas, contrataciones sin evaluación y falta de registros públicos sobre operativos y uso de la fuerza.
  3. Inadecuada investigación de abusos de la Fiscalía y control interno que no investigan con independencia permiten que prácticas violatorias se normalicen (detenciones arbitrarias, tortura para obtener ‘confesiones’). Hay ejemplos en Nayarit de detenciones de funcionarios por desapariciones y sentencias por tortura.
    La deshumanización institucional operaba en silencio:
    • policía que no rendían cuentas,
    • fiscalías incapaces o renuentes a investigar,
    • autoridades que justificaban atropellos en nombre del “orden”,
    • familias que buscaban solas a sus desaparecidos,
    • y un Estado que elegía cuidar su imagen antes que la vida.

Ese es el verdadero rostro del mando único cuando se implementa en un ambiente de opacidad, impunidad y debilidad institucional.

“El enfoque de derechos humanos: la ley que no se cumple”.

En teoría, México y por tanto en Nayarit, está obligado a respetar, proteger y garantizar los derechos humanos.
Pero en la práctica, la concentración del mando, sin protocolos claros generó:

  1. Falta de trazabilidad de órdenes: nadie sabía quién ordenó qué.
  2. Uso discrecional de la fuerza: operativos sin fundamento público.
  3. Investigaciones deficientes: recomendaciones de CNDH y la CDDH confirmando negligencia y omisiones.
  4. Revictimización: familias tratadas como obstáculos y no como titulares de derechos.

La “seguridad” se volvió pretexto y la dignidad, un daño colateral aceptado.

IV. “Perspectiva política humanista: Un modelo que perdió el alma”.

Desde una visión política humanista la que pone a la persona por encima del aparato, el mando único resulto un fracaso moral.

Porque un Estado se mide no por su capacidad de imponer orden, sino por su capacidad de proteger vidas sin perder su humanidad.

La pregunta humanista es simple:
¿a quién sirve el poder cuando se centraliza? ¿A la gente o a la clase gobernante?

“En Nayarit, el mando único terminó sirviendo más a la política que al ciudadano”.

Sirvió para controlar alcaldías, disciplinar ayuntamientos, mover policías como fichas y justificar decisiones sin explicación.
Pero no sirvió para prevenir desapariciones.
No sirvió para reducir la tortura.
No sirvió para investigar abusos.
No sirvió para devolver la paz con dignidad.

Y cuando el poder deja de servir a la gente, deja de ser poder legítimo y se convierte en dominación.

V. El error de fondo: Querer seguridad, sin construir humanidad”.

La seguridad no se impone se construye.
Se construye con respeto, con transparencia, con justicia y con instituciones que entienden que la vida, no se negocia.

Pero el mando único, tal como se ha planteado en Nayarit, quiere resultado sin proceso, sin control, sin ética, sin obediencia, sin confianza.

Pretende “ordenar” una sociedad a la que no escucha.
Pretende “cuidar” a una ciudadanía que no reconoce.

“El Pretender “proteger” desde un escritorio y que se ha olvidado de la calle. El humanismo nos recuerda lo obvio:

No hay seguridad sin dignidad. No hay Estado legítimo sin humanidad.

VI. Lo que Nayarit necesita: un modelo humanista real, no a modo, ni militarizado”

Si algún día se habla de mando único en serio, deberá tener:
• transparencia absoluta,
• supervisión independiente,
• auditoría ciudadana vinculante,
• investigación exhaustiva de abusos,
• protocolos claros de uso de la fuerza,
• protección inmediata a víctimas y buscadoras,
• y sanciones reales para quien violente derechos.

Sin eso, el mando único, es solo una palabra bonita para un aparato deshumanizado, un discurso politico completamente vacio”.

VII. En Conclusión: Nayarit no necesita más fuerza; necesita más humanidad

Lo decimos con firmeza y claridad:

Un mando único sin alma es un Estado sin rostro humano.
Un Estado sin controles es un riesgo.
Un Estado sin humanidad es una amenaza.

Nayarit tiene memoria.
Recuerda los abusos, las omisiones, las desapariciones, los silencios oficiales.
Por eso, cualquier intento de recentralizar la fuerza pública debe pasar primero por un juicio ético, no solo técnico.

Porque la seguridad que se construye desde la dignidad perdura.
La que se impone desde la deshumanización siempre termina destrozada.

Hoy lo decimos con la voz que nunca se calla: Nayarit no debe volver a concentrar poder, sin antes construir humanidad.
Porque sin humanidad, no hay seguridad, no hay justicia, no hay Estado.
Solo hay miedo.
“Y el miedo nunca ha mantenido a un pueblo en paz”.

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