Por Javier Zapata.
En los campos donde el viento sopla nombres que el Estado olvidó, una madre sostiene la fotografía descolorida de su hijo o hija.
No hay respuesta, no hay justicia,
solo tierra removida y promesas que no germinan.

A lo lejos, las siluetas difuminadas de los desaparecidos se confunden con la neblina del amanecer.
Y sin embargo, una luz pequeña pero firme rompe la oscuridad con la fuerza de la esperanza.
Porque aunque el gobierno calle,
y el miedo intente borrar la verdad,
la voz del pueblo sigue buscando, sigue gritando, sigue viva.
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