Identifican al Asesino de Carlos Manzo, el Alcalde de Uruapan: Lo Apodaban “El Cuate”.

CDMX (RRC): En un avance significativo en la investigación del brutal asesinato del alcalde de Uruapan, Michoacán, autoridades federales han identificado al presunto autor material del crimen. Se trata de Osvaldo Gutiérrez Vázquez, conocido en el bajo mundo criminal como «El Cuate». Este desarrollo llega apenas dos días después del atentado que conmocionó a la nación durante las celebraciones del Día de Muertos, y resalta la creciente influencia del narcotráfico en la política local de uno de los estados más violentos de México.

El sábado 1 de noviembre de 2025, alrededor de las 20:10 horas, el centro histórico de Uruapan se convirtió en escenario de tragedia. Carlos Alberto Manzo Rodríguez, de 40 años y alcalde independiente desde septiembre de 2024, inauguraba el Festival de las Velas, un evento emblemático que atrae a miles de familias para honrar a sus difuntos con ofrendas luminosas y tradiciones ancestrales. Manzo, micrófono en mano y con un niño disfrazado en brazos, acababa de pronunciar palabras de bendición para «este hermoso pueblo» cuando los disparos irrumpieron en la plaza principal.

Videos captados por testigos y reporteros muestran el caos: un hombre vestido con sudadera blanca y pantalón negro se abre paso entre la multitud, sorteando vallas de seguridad. A corta distancia, detona una pistola calibre 9 mm en siete ocasiones contra el alcalde, quien recibió impactos en el abdomen y el brazo. Mientras paramédicos realizaban maniobras de reanimación en el suelo, el agresor fue neutralizado por elementos de seguridad en el lugar, resultando abatido. Un regidor, Víctor Hugo de la Cruz Saucedo, resultó herido leve, pero su vida no corre peligro.

Manzo fue trasladado de urgencia a un hospital local, donde falleció horas después. Sus últimas palabras registradas, en una entrevista improvisada, evocaban la alegría del momento: «Nos estamos pasando un día muy agradable en compañía de miles de familias de Uruapan, Michoacán, de México y de otros países».

La identificación de Osvaldo Gutiérrez Vázquez, alias «El Cuate», fue confirmada por fuentes federales del Gabinete de Seguridad. Originario de la colonia Miguel Hidalgo en Apatzingán, Michoacán, Gutiérrez tenía entre 17 y 19 años según peritajes forenses, lo que lo convierte en un sicario juvenil, un perfil común en las filas del crimen organizado. Era familiar de un operador conocido como «El Prángana», quien trabaja para los hermanos Roldán Álvarez Ayala (o simplemente «hermanos Álvarez Ayala»), una célula armada al servicio del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

De acuerdo con reportes iniciales, «El Cuate» se hospedó en un hotel cercano al centro histórico horas antes del ataque, alrededor de las 16:00 horas. Cámaras de seguridad captaron su ruta: salió de una calle aledaña, se infiltró en el evento público sin filtros de revisión y esperó el momento preciso para actuar. El arma utilizada, una pistola 9 mm, ha sido vinculada a al menos dos homicidios previos en Uruapan, incluyendo un doble asesinato reciente, lo que apunta a una red de violencia sistemática. Además, el cuerpo del agresor dio positivo en pruebas toxicológicas para sustancias ilícitas, y hasta el momento no ha sido reclamado por familiares.

La Fiscalía General del Estado (FGE) de Michoacán, encabezada por Carlos Torres Piña, difundió un retrato hablado y fotografías de tatuajes del abatido para recabar más información, solicitando incluso apoyo al Instituto Nacional Electoral (INE) para cotejar huellas dactilares. Aunque la FGE aún no ha confirmado oficialmente la identidad, las fuentes federales coinciden en que «El Cuate» actuó bajo órdenes, posiblemente por una recompensa de 50 mil pesos.

Uruapan, conocida como la capital del aguacate, es un bastión disputado por carteles como el CJNG y grupos locales rivales. La economía frutícola, que genera millones en exportaciones, ha sido asediada por extorsiones y «cobros de piso» durante años. Manzo, uno de los pocos alcaldes independientes en México, asumió el cargo con promesas de combatir la inseguridad. En los últimos meses, había elevado la voz contra las mafias, exigiendo mayor apoyo federal y estatal. «No quiero ser otro más de los ejecutados», declaró en una ocasión, presagiando su destino.

Este asesinato es el tercero contra alcaldes en Michoacán en 2025, y el sexto a nivel nacional. En junio, la alcaldesa de Tepalcatepec, Martha Laura Mendoza, y el de Tacámbaro, Salvador Bastida, cayeron también a manos del crimen. Hace apenas un año, el 29 de octubre de 2024, en la misma plaza de Uruapan, el periodista Mauricio Cruz Solís fue ejecutado minutos después de entrevistar a Manzo en vivo. El patrón es claro: disidencia política y periodística se pagan con sangre en esta región.

La muerte de Manzo desató una ola de condenas. La presidenta Claudia Sheinbaum, en la conferencia matutina del 2 de noviembre, expresó: «Condeno con absoluta firmeza el vil asesinato del presidente municipal de Uruapan». El gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, de Morena, activó un operativo especial y confirmó las detenciones de dos presuntos cómplices, además del abatimiento del autor material. «Todas las instancias de seguridad se encuentran trabajando en la investigación inmediata de los hechos», aseguró.

En Uruapan, el dolor se tradujo en acción: escuelas públicas y privadas suspendieron clases el lunes en protesta, mientras habitantes de comunidades rurales bloquearon la carretera Uruapan-Los Reyes exigiendo la captura de los autores intelectuales. Marchas en Morelia y la capital michoacana reunieron a miles, con pancartas que rezaban «Justicia para Carlos» y críticas a la impunidad. El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, enfatizó que el evento carecía de filtros adecuados, lo que facilitó la infiltración, y prometió no descartar ninguna línea de investigación.

Organizaciones como Artículo 19 y Reporteros Sin Fronteras han vinculado el crimen a la escalada de violencia contra funcionarios disidentes, urgiendo reformas en protección a líderes locales.

La identificación de «El Cuate» es un paso adelante, pero la pesquisa continúa: ¿quién dio la orden? ¿Fue represalia por las denuncias de Manzo contra el CJNG? Mientras el velorio de Manzo se realiza a puertas cerradas por temor a represalias, Michoacán refuerza su vigilancia en municipios de alto riesgo. Este caso expone la fragilidad de la democracia en zonas narco-controladas, donde alcaldes como Manzo pagan con su vida el sueño de un gobierno autónomo.

Uruapan llora a su líder, pero su legado –la lucha contra el terror– podría inspirar a otros. Solo el tiempo dirá si este crimen marca un quiebre o profundiza el ciclo de violencia. Por ahora, la nación exige justicia: no más velas por políticos caídos, sino luz para un México seguro.

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