CDMX (RRC): La economía mexicana experimentó una contracción del 0.3% en el tercer trimestre de 2025 (julio-septiembre), tanto a tasa trimestral como anual, según la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) divulgada hoy por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Esta es la primera caída anual desde el cuarto trimestre de 2021, en medio de la recuperación postpandemia, y refleja un debilitamiento generalizado que ha generado preocupación entre analistas y autoridades económicas.
El retroceso del PIB se explica principalmente por el desplome en las actividades secundarias, que incluyen la industria manufacturera, la construcción, la minería y la generación de energía. Este sector registró una contracción del 1.5% a tasa trimestral y del 2.9% anual, lo que representa el mayor impacto en la economía general. Las actividades terciarias, que abarcan el comercio y los servicios (y constituyen alrededor del 60% del PIB), mostraron un crecimiento marginal del 0.1% trimestral, pero cayeron 0.9% en términos anuales, desacelerándose desde el 0.81% del trimestre anterior.
En contraste, las actividades primarias –agricultura, ganadería y pesca– fueron el único sector positivo, con un avance del 3.2% trimestral y del 3.0% anual, aunque su peso en el PIB (alrededor del 7%) no fue suficiente para compensar las pérdidas en los demás rubros. En los primeros nueve meses del año, el PIB acumula un modesto crecimiento del 0.5% respecto al mismo período de 2024, lo que sugiere una desaceleración pronunciada tras un primer semestre con un avance del 0.9%.
Esta distribución sectorial subraya la vulnerabilidad de la economía mexicana ante choques externos e internos, donde el sector industrial, clave para las exportaciones, ha sido el más afectado.
Varios factores confluyeron para provocar esta caída. El principal impulsor fue el retroceso en el sector industrial, atribuido a una combinación de debilidad en la demanda interna y externa, así como a la incertidumbre generada por las políticas comerciales de Estados Unidos, principal socio comercial de México. La proximidad de las elecciones presidenciales en EU ha incrementado la volatilidad, con temores a aranceles y restricciones migratorias que podrían impactar las cadenas de suministro transfronterizas.
Adicionalmente, la consolidación fiscal impulsada por el gobierno mexicano, junto con una menor confianza empresarial, ha frenado la inversión privada. Indicadores previos, como el estancamiento del PIB mensual en agosto (0%) y la contracción del 0.1% en los primeros ocho meses del año, ya anticipaban esta tendencia. Expertos señalan que la alta dependencia de las remesas y el nearshoring no han sido suficientes para contrarrestar estos vientos en contra.
Esta contracción trimestral representa un «golpe» para el peso mexicano, que se depreció ante la noticia, elevando el tipo de cambio dólar-peso por encima de los 20 unidades. Las implicaciones son amplias: un menor crecimiento podría traducirse en pérdida de empleos en el sector manufacturero, mayor presión inflacionaria por la depreciación y desafíos para cumplir con las metas fiscales del gobierno de Claudia Sheinbaum.
Para el cierre de 2025, las proyecciones se han ajustado a la baja. Gabriela Siller Pagaza, directora de Análisis Económico en Grupo Financiero BASE, estima un crecimiento anual del PIB de solo 0.69%, destacando la volatilidad de las actividades primarias pero advirtiendo sobre el impacto persistente en las secundarias. Por su parte, Alberto Ramos, economista de Goldman Sachs para América Latina, mantiene su pronóstico en 0.5% para el año, citando la incertidumbre política interna y externa, la debilidad en la confianza empresarial y los esfuerzos de consolidación fiscal como factores clave. «La caída estaba consignada en nuestro modelo estadístico», afirmó Ramos, anticipando que estos elementos continuarán afectando la actividad real.
Si la cifra se confirma en la estimación final del INEGI el 21 de noviembre, México podría enfrentar presiones para ajustar su política monetaria, con el Banco de México posiblemente manteniendo tasas de interés elevadas para estabilizar la inflación, que ronda el 4.5%.
A pesar del panorama sombrío, algunos analistas ven oportunidades en la diversificación económica y el fortalecimiento del nearshoring, que podría impulsar la inversión extranjera en los próximos trimestres. Sin embargo, la prioridad será mitigar la incertidumbre geopolítica y fomentar la inversión en infraestructura para reactivar el sector industrial.
Esta contracción no solo es un recordatorio de la interconexión global de la economía mexicana, sino también una llamada de atención para políticas pro-crecimiento. Mientras el mundo observa las dinámicas electorales en EU, México deberá navegar con cautela para evitar un escenario de recesión técnica en 2026. El dato oficial de hoy marca un punto de inflexión, pero también el inicio de un debate crucial sobre la resiliencia económica del país.
