Por Carlos Avendaño.
Los productores alzaron la voz: el campo ya no aguanta discursos. Los agricultores de Sinaloa decidieron dejar los surcos y tomar las calles. Desde temprano, tractores, pancartas y lonas invadieron una de las principales avenidas de Culiacán -la Álvaro Obregón- y hasta las casetas de peaje tomaron, como parte del movimiento nacional “Campesinos Unidos de Sinaloa”. El reclamo es el mismo de siempre, pero ahora con la desesperación a flor de tierra: precios de garantía justos para los granos, banca de desarrollo y políticas públicas que no se marchiten con el discurso. Los agricultores de Sinaloa han vuelto a gritar lo que el gobierno se empeña en no escuchar: el campo está en crisis, y no de discurso, sino de supervivencia. Los altos costos de producción -fertilizantes, transporte, mano de obra- han convertido la siembra en una ruleta rusa donde el único que siempre pierde es el productor. El gobierno federal y estatal, por su parte, brillan, pero por su ausencia. Promesas sobran, soluciones faltan. Los agricultores exigen $7,200 por tonelada de maíz, mientras los “coyotes” -esos intermediarios bendecidos por la indiferencia oficial- les ofrecen menos de $6,000. El sorgo, por su parte, se paga a $4,200, cifra tan baja que ni para cubrir el diésel del tractor alcanza. Ante el silencio burocrático, los productores advierten que cerrarán carreteras y tomarán oficinas. No por gusto, sino porque cuando el hambre aprieta, el diálogo ya no alcanza. El corazón de la capital se volvió un embudo de caos y de protesta, mientras el gobierno mira por el retrovisor, más preocupado por la foto del orden que por la raíz del problema. Porque sí, los campos están secos, pero lo que más duele es que la voluntad oficial se volvió estéril. Por cierto. Llegaron los elementos de la Guardia Nacional a la caseta de Cuatro Caminos en Guasave preguntando por los líderes, por lo que todos los agricultores presentes al unísono les contestaron: “Todos somos líderes”. La pregunta era más que obvia, querían liberar la caseta que estaba tomada por los agricultores. “No somos enemigos del gobierno, somos quienes le damos de comer al país”, “Queremos seguir produciendo, pero con precios justos”, “No podemos vender por debajo de lo que cuesta sembrar”, “Nos duele el ver que el campo está abandonado”, dijeron los agricultores. Y no les falta razón: sin maíz no hay tortillas, pero parece que tampoco hay memoria en Palacio Nacional. El campo no pide limosnas, pide justicia. Porque mientras los políticos presumen “autosuficiencia alimentaria” desde la comodidad del escritorio, los agricultores siguen sembrando esperanza y cosechando abandono. Mientras la violencia sigue dictando los titulares y los funcionarios hablan de autosuficiencia alimentaria desde sus oficinas con aire acondicionado, el campo se levanta por hambre, no por ideología. Hoy los campesinos no siembran esperanza, sino coraje. Y si el gobierno no escucha, la próxima cosecha será de protestas…
“Nos quitaron todos los apoyos… y ahora también el agua”, dicen los agricultores. Los comentarios no se hicieron esperar este pasado jueves en el Consejo Estatal Agropecuario en Sinaloa, los agricultores alzaron fuertemente la voz -literal para reclamar-. Primero, el gobierno les quitó a los agricultores los apoyos para el campo. Después, quitaron la Financiera Rural, ese último respiro para poder obtener créditos, pues lo desaparecieron sin despedirse. Y ahora, como si el abandono al campo por parte del gobierno no bastara, también les quieren quitar el agua con la nueva afamada “Ley de Aguas Nacionales”. El gobierno de la “Cuarta Transformación” lo llama modernización, pero los productores lo llaman asfixia programada. Porque no hay soberanía alimentaria posible si al campo lo están dejando morir de sed. La nueva ley no busca administrar mejor el recurso hídrico: busca controlarlo políticamente, desde el escritorio de un burócrata que nunca ha pisado una parcela. Qué linda dictadura morenista: centraliza todo, reparte culpas y exprime hasta el último litro de paciencia. El campo, ese que todavía alimenta al país, hoy se defiende con la tierra reseca entre las manos. Y mientras tanto, el gobierno presume que “no se le niega el agua a nadie”. Ciertamente que a nadie… excepto a los que la hacen producir…
Dos Méxicos, dos velocidades… y Sinaloa sigue en reversa. Mientras la narrativa del gobierno federal celebra los descensos en la violencia en otras regiones del país, en Sinaloa la realidad sigue dictando los horarios, las rutas y las rutinas. Aquí no manda la estadística: manda el miedo. Darles palmazos a los jóvenes suena bien en el micrófono y se aplaude bonito en los informes, pero se queda corto frente a los reclutamientos forzados, los desplazamientos internos y la normalización del silencio oficial. Porque mientras unos aplauden cifras, otros entierran realidades. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo pidió que confiemos en el nuevo Poder Judicial para consolidar la estrategia de seguridad. Ojalá y sí. Pero en Sinaloa la confianza no se decreta: se gana. Y se gana con resultados, no con discursos bien redactados desde la Ciudad de México. La omisión de Sinaloa en el último informe de violencia dice más que todas las gráficas y porcentajes que se presentaron. Nos recuerda que México avanza a dos velocidades: la de los estados en “paz estadística” y la de los que siguen contando muertos entre los boletines oficiales y los comunicados optimistas. Urge repensar y replantear la estrategia de seguridad, pero autocrítica y con valor. Porque mientras el gobierno celebra avances, en Sinaloa seguimos rezando para llegar vivos a casa…
¿Quién hizo enojar tanto al Dios Tláloc? Parece que el Dios Tláloc anda, pero con muy mal humor y quizás con razón. Las lluvias han dejado devastados los estados de: Veracruz, Querétaro, Puebla e Hidalgo. Centenares de muertos al día de hoy, los caminos desaparecidos, las redes eléctricas hechas trizas y miles de familias bajo el agua. Pero lo más triste no cae del cielo, sino desde Palacio Nacional: ya no existe el FONDEN. Ese Fondo Nacional de Desastres Naturales que servía para reaccionar ante catástrofes climáticas ahora es solo un recuerdo, mejor dicho, una “austeridad republicana”. Así que cada peso que se use para reconstruir, atender o salvar vidas, saldrá -literalmente- del estómago del presupuesto: menos medicinas, menos escuelas, menos apoyos. Y mientras tanto, los genios de la 4T ya preparan su siguiente jugada maestra: subir los impuestos para “fortalecer las finanzas públicas”. Tláloc truena, la gente se ahoga y el gobierno recauda. Porque en el México de la Cuarta Transformación, llueve sobre mojado, pero la culpa siempre es del Dios Tláloc y del cambio climático…
Protección Civil… pero sin protección. La flamante titular de la Coordinación Nacional de Protección Civil, Laura Velázquez Alzúa, es licenciada en Arte. Sí, lo leyó usted bien estimado lector: Arte. Y, aun así, fue designada para dirigir una de las dependencias más cruciales en la prevención y respuesta ante desastres naturales. Sin experiencia, sin trayectoria técnica, pero con un currículum que brilla en otra galería. Ahora entendemos por qué la gente se ahoga esperando auxilio mientras la burocracia graba spots con fondo musical heroico. Eso sí, los videos salen preciosos: planos cuidados, tomas aéreas y discursos de antología. El único detalle es que la realidad no se edita. Así estamos: con funcionarios desperfilados, pero disciplinados; leales al jefe, no al ciudadano. Porque en la Cuarta Transformación, el mérito no es salvar vidas, es saber aplaudir a tiempo…
Diputados Federales de MORENA se embolsan 100 millones “para atención ciudadana”. Los diputados morenistas tienen un talento sobrenatural: convierten cada peso público en oportunidad personal. Resulta que se embolsaron 100 millones de pesos dizque para “atención ciudadana”. La ironía es que no tienen oficinas, ni personal, ni registros de atención, pero sí los bolsillos muy activos. Dicen servir al pueblo, pero nadie sabe dónde atienden, ni a quién. Tal vez la atención ciudadana será vía depósito bancario, de Tesorería a sus cuentas. Luego se indignan cuando los llaman por su nombre: hampones con fuero y sonrisa de campaña. Así o más claro, este país lo administran legisladores federales con las manos dentro de la caja chica…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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