EL FARO.

Por Valentin Perez.


El fin de semana pudimos constatar dos situaciones que nos deben llevar a una profunda reflexion: El pueblo veracruzano salió en sus comunidades afectadas por las inundaciones a manifestar su rechazo a la actitud de la Gobernadora Rocío Nahle y su secretaria de Protección Civil quienes en un desplante propio de los jóvenes de hoy, fueron a tomarse las selfies con prendas y calzado impolutos mientras el pueblo lo hacía con girones de ropa, descalzos o con chanclas.

El contraste sin duda es de verguenza, pues las familias gritan por comida y ayuda mientras del otro lado se asume una postura con calificativos muy a la mexicana. La Gobernadora, con total falta de tacto, sube a un helicóptero y destaca su foto mientras observa por la ventanilla mientras a raz de suelo la gente muere ahogada y pierde sus pertenencias y con ello se le va la vida.

Dos contrastes de ver la vida, los de arriba y los de abajo. La otra y al margen de reflexiones sobre el tema de la ayuda, de los apoyos en momentos muy duros, Claudia Sheimbaum asume su papel y se traslada a los lugares de la emergencia para estar ahí y ver lo que ocurre, así como escuchar el dolor y la rabia del pueblo jarocho. No se arredra, escucha y ofrece ayuda. Nadie se quedará sin ayuda promete.

Aquí viene el punto de quiebre en su visión de gobernar, pues marca distancia de su antecesor que nunca acudió a brindar atención a damnificados en momentos muy difíciles por no ensuciar su investidura, que nadie entiende que es eso y menos cuando el dolor inunda el corazón.

Claudia Sheimbaum rompió con eso, quizá no se bajo de la batea de una camionera pero desde ahí escucho sin miedo los reclamos, los gritos, tratando de lograr empata con quienes lo perdieron todo y necesitan una voz que les brinde esperanza de ayuda, de recuperar su vida. Bien por una, muy mal por la otra.

Entradas relacionadas

Deja tu comentario