Por Carlos Avendaño.
El gobierno de los oídos sordos. Miles de sinaloenses salieron a las calles de Culiacán para gritar lo que el gobernador Rubén Rocha Moya finge no escuchar: ¡paz! Sí, paz, esa palabra que en el diccionario significa seguridad y tranquilidad, pero que en la versión Rochista se traduce en discursos huecos y boletines de “todo está bien”. Los gritos de “Fuera Rocha” tronaron con más fuerza que los balazos que el gobierno insiste en minimizar. Culiacán se llenó de pancartas que retratan el hartazgo: “Ya no queremos narco-guerra”, “Ayúdame a encontrar a mi familiar”. ¿Y el gobernador? Bien, gracias, repitiendo su “no pasa nada” mientras el Estado se le cae en pedazos. Ya hasta el Obispo salió a bendecir la marcha. Cuando la Iglesia se suma a exigir seguridad, es porque el gobierno ya no solo está reprobado: está en la lona. Y lo peor es que Rocha sigue reaccionando como si estuviera en un mitin, cuidando el aplauso y no la vida de los sinaloenses. Más de 3 mil desaparecidos en Sinaloa. Tres mil familias que no escuchan respuestas, pero sí el eco del silencio oficial. El mismo silencio que se viste de complicidad cuando la violencia campea sin freno y el gobierno solo se dedica a administrar la desgracia. En este escenario, no hay cortina de humo que alcance. Porque mientras el pueblo se une para exigir la paz, el gobierno se esconde detrás de sus excusas. Rocha Moya podrá seguir diciendo que todo está bajo control, pero la realidad ya le gritó en la cara. Y el grito fue claro: “Ya basta”. Porque aquí la única paz que presume Rocha, es la de su escritorio, en donde los informes maquillados y las cifras “optimistas” lo arrullan. Pero en las calles la gente no duerme, la violencia no descansa y el miedo gobierna. Así que la pregunta final es inevitable: ¿Qué se hace con un gobernador que ni gobierna, ni escucha, ni protege? Pues lo mismo que se hace con cualquier mueble viejo que estorba en la sala: se saca a la calle…
Gloria Himelda: educación con piel de papel. La flamante Secretaria de Educación Pública y Cultura, Gloria Himelda Félix Niebla, tiene la piel más delgada que una hoja de papel bond. Le basta una crítica documentada para indignarse como si le hubieran ofendido el linaje. La organización civil Mexicanos Primero Sinaloa presentó un balance sobre la infraestructura educativa. Nada nuevo: padres, maestros y alumnos saben de sobra que muchas escuelas siguen cayéndose a pedazos. Pero bastó que dieran las cifras para que la secretaria se sintiera atacada, descalificando el reporte en vez de tomar nota. Gloria Himelda, ex diputada y hoy secretaria de la SEPyC, parece que no entiende que su cargo no es para aplaudir discursos, sino para dar resultados. Y si no los hay, ¿Qué otra cosa puede esperar más que críticas? Cualquier señalamiento lo toma como afrenta personal. Se indigna porque no se le halaga, estando reprobada desde el arranque. Lo grave es que no solo rechaza cuestionamientos: tampoco muestra planes ni soluciones. Sus respuestas son berrinches, no políticas públicas. Mientras miles de estudiantes siguen en condiciones precarias, la secretaria actúa como si estuviera en campaña electoral, no al frente de la educación en Sinaloa. La SEPyC hoy es una oficina cerrada, sin diálogo, sin evaluación externa y, lo más preocupante, sin autocrítica. Y la pregunta obligada: ¿Cómo se va a corregir lo que ni siquiera se quiere ver? Mexicanos Primero no compite con la SEPyC, simplemente le exige cuentas. Si a Gloria Himelda no le gustan las críticas, tiene dos caminos: ponerse a trabajar y mostrar resultados, o seguir peleando con la gente, mientras los estudiantes siguen pagando las consecuencias de su fragilidad política. Porque la educación en Sinaloa no necesita una secretaria de piel delgada, sino una que tenga la cara dura para aguantar las críticas y el carácter para resolver los problemas educativos…
El Grito… pero de miedo. En Sinaloa ya están afinando los detalles para el Grito de Independencia. El flamante secretario general de Gobierno, Feliciano Castro Meléndrez, anuncia que todo marcha viento en popa, aunque -detalle menor- todavía no saben ni quién será el artista invitado. Eso sí, lo importante es la fiesta, no la certeza. En cuanto al Palenque 2025 en Culiacán, pues tampoco hay claridad. No es un tema definitorio, dice el secretario. Traducido: no tienen la menor idea, pero qué bonito suena. La pregunta obligada es otra: ¿Para quién está garantizada la seguridad? Porque claro, Palacio de Gobierno estará blindado hasta con triple candado. Funcionarios felices, bailando seguros bajo la pirotecnia. ¿Y los ciudadanos? A ellos les toca lo de siempre: rezar para regresar con bien a sus casas después del grito. El verdadero acto de valentía no será salir a corear ¡Viva México! en la explanada de palacio del gobierno del estado de Sinaloa, sino el animarse a enfrentar la inseguridad de vuelta a casa. Esa sí es la rifa del tigre. ¿Quiénes serán los valientes que asuman el riesgo de acudir a la afamada fiesta del Grito? Eso, estimado lector, está por verse muy pronto. Porque en Sinaloa, antes que patria, lo que se grita es miedo…
Estrellita fugaz en Mazatlán. La flamante presidenta municipal de Mazatlán, Estrella Palacios, demostró que lo suyo no es escuchar, sino correr. Apenas vio a un grupo de personas con familiares desaparecidos, la alcaldesa salió disparada por la puerta del Cabildo más rápido que un turista huyendo del solazo del malecón. El espectáculo fue patético: ciudadanos clamando justicia y la autoridad dándoles la espalda, literalmente. Porque pedir sensibilidad parece demasiado para ciertos políticos que se sienten estrellas, pero resultan fugaces cuando la gente los enfrenta con realidades incómodas. La pregunta es inevitable: ¿Por qué a nuestros representantes populares les cuesta tanto trabajo escuchar a la gente que los eligió? Y más aún, ¿Por qué la indiferencia precisamente con quienes buscan a sus desaparecidos? En Mazatlán quedó claro que Estrella Palacios puede brillar en actos oficiales, pero frente al dolor ciudadano, se apaga. Porque gobernar no es salir en la foto, es dar la cara. Y si la alcaldesa prefiere huir, que no se sorprenda cuando la gente le cobre la factura en las urnas…
La tortilla por las nubes, el pueblo por los suelos. Al final del sexenio del ex presidente Enrique Peña Nieto, el kilo de tortilla costaba 14.33 pesos en tortillerías y 10.71 en autoservicios. En enero de 2024 ya andaba en 22.93 y 14.43, respectivamente. Hoy, en pleno sexenio de la “cuarta transformación”, el kilo de tortilla baila alegremente entre los 25 y los 27 pesos. Las causas son muchas y muy conocidas: el alza del maíz y de los insumos, la inseguridad y la extorsión que cobran derecho de piso hasta a las tortillerías, y por supuesto, el vaivén del mercado internacional frente a una producción nacional cada vez más frágil. Pero mientras los precios se disparan, los discursos oficiales siguen diciendo que “la pobreza está bajando”. Y sí, quizá lo dicen porque ahora a los mexicanos ya no nos alcanza ni para la tortilla completa, solo para medio kilo con suerte y unas lágrimas para acompañar. El maíz es oro, la tortilla un lujo, y el pueblo, pues el pueblo ya aprendió a hacer milagros con un sueldo que rinde menos que un taco de aire. No cabe duda que la tortilla barata ha muerto, fue víctima del mercado, de la extorsión y de la indiferencia. El pueblo la despide con hambre. Descanse en paz el kilo completo de tortillas”…
La presidenta, los senadores, los diputados, los alcaldes y todo aquel que vivan del erario viajen a donde quieran: París, Dubái o a la esquina. Pero eso sí, con su dinero, no con el del pueblo. Porque no hay nada más insultante que ver a un funcionario presumiendo vuelos en primera clase, hoteles de lujo y cenas de cinco estrellas, pagadas con los impuestos de quienes apenas pueden llenar el tanque de gasolina o la despensa de la semana. ¿Quieren turistear? Perfecto. La política no debería ser un boleto VIP para recorrer el mundo a costa de los gobernados. Que saquen la cartera, que paguen de su bolsa y que dejen de disfrazar caprichos personales como “giras de trabajo”. El cargo es un servicio, no una agencia de viajes con todo incluido. El dinero del pueblo es para escuelas, hospitales y seguridad. No para selfies en aeropuertos internacionales ni para alimentar el ego de burócratas que confunden el poder con el turismo de lujo…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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