Sin Redundar.

Por Carlos Avendaño.

La percepción de que los políticos, en particular algunos bien encumbrados de MORENA, actúan con cinismo, soberbia y arrogancia, como si el poder les perteneciera por derecho y no por representación, refleja un malestar que comparten muchísimos ciudadanos, por no decir que la inmensa mayoría en México. Veamos por partes para entender por qué se da esto: 1. Mayorías absolutas y falta de contrapesos. MORENA controla el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo, y gran parte del aparato institucional. Esta concentración de poder, provoca que muchos de sus cuadros actúen con impunidad, sin temor a rendir cuentas. Cuando no hay oposición efectiva ni freno institucional, el poder tiende a volverse autorreferencial. “Donde no hay contrapesos, florece la arrogancia”. 2. Narrativa de superioridad moral. Desde su fundación, MORENA se ha autodefinido como el partido de la regeneración moral, lo que les da una especie de “licencia ética” para justificar sus errores, sus abusos o sus decisiones autoritarias con el argumento de que “ellos no son como los de antes”. Este tipo de discurso ciega y envalentona. 3. Desconexión con la crítica ciudadana. Muchos morenistas viven en una burbuja de aplausos, de redes sociales controladas y de medios afines, lo que les impide ver el creciente malestar ciudadano. Cuando alguien los critica, responden con desdén o descalificaciones, en lugar de autocrítica. Esto alimenta la percepción de cinismo. 4. El poder como botín. Hay también quienes llegaron al poder no por convicción ideológica sino por ambición personal. Al lograr sus cargos, se comportan como si fueran dueños del gobierno, premiando a los leales, castigando a los críticos y hasta manejando recursos públicos como si fueran propios. 5. Una cultura política heredada. Aunque MORENA nació como una alternativa, muchos de sus cuadros provienen del PRI y del PRD, estos partidos con una larga tradición de clientelismo, de autoritarismo y de simulación. Innegablemente que el cinismo no es nada nuevo en la política, pero ahora se ve más porque lo ejercen desde el poder dominante. ¿Todos son así? No. Pero el problema estriba en que las voces críticas dentro de MORENA están silenciadas o aisladas, y esto refuerza la idea de que el cinismo y la arrogancia son moneda corriente…

La reforma electoral de Sheinbaum: Plan C… de “Continuidad Chafa”La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no quiere perder tiempo ni disimular intenciones. Apenas desempacó en Palacio Nacional y ya anunció que va por la reforma electoral que su mentor no pudo concretar. Sí, esa misma que disfrazan de eficiencia “presupuestal” pero huele a control político con moño guinda. ¿La idea? Simple: Reducir el número de legisladores plurinominales (porque la pluralidad les incomoda). Recortar el financiamiento a partidos (excepto, claro, al partido oficial que se financia con “apoyo popular”). Disminuir síndicos y regidores (esos pequeños contrapesos locales que, cuando no se alinean, estorban). Y la joya de la corona: proponer que los consejeros del INE sean electos por voto popular. Es decir: convertir al árbitro electoral en una piñata más del circo electoral. ¿Democracia? No. Es una cirugía a corazón abierto al sistema electoral con bisturí de ideología. Porque, como advierten los exconsejeros y especialistas, esta reforma no busca mejorar las elecciones, busca garantizar que no las pierdan. Sheinbaum Pardo no está innovando. Está reviviendo el “Plan A”, el “Plan B”, y ahora el “Plan C” de Continuidad Cuatroteísta. Un Frankenstein electoral armado con retazos de resentimiento institucional y la obsesión por borrar cualquier herencia democrática que no lleve la firma de López Obrador. Y todo, claro, con el discurso de: “Reducir el costo de la democracia.” Como si el problema de México fuera lo que cuesta una elección y no lo que cuesta la sumisión institucional. ¿Querían fortalecer al INE? Pues ahora quieren ponerlo de rodillas con el voto del pueblo, claro. Así todo queda más bonito y más “legítimo”. En resumen: Sheinbaum Pardo, no quiere una democracia más barata. Quiere una democracia más dócil. Y con esta reforma “recargada”, su sexenio podría no consolidar la transformación, sino oficializar la regresión. Porque si algo le urge al oficialismo, es cerrar el juego, bloquear las voces incómodas y asegurarse el árbitro para las elecciones que vienen. Y si eso implica minar la pluralidad legislativa. Pues que viva la austeridad y que muera la democracia…

Difamar o calumniar… el show jurídico de la presidentaLa presidenta Claudia Sheinbaum Pardo amenaza con demandar a Jeffrey Lichtman, abogado de Ovidio Guzmán, por “difamación”. Sí, porque al parecer el gobierno mexicano prefiere irse a los tribunales por daño moral que atender la realidad criminal que los rebasa. Pero vámonos por partes. Según la ley: Calumniar es imputar falsamente un delito. Difamar es dañar la reputación con información falsa. Pero aquí no se trata de tecnicismos jurídicos. Aquí se trata de percepción pública y de credibilidad en ruinas. Lichtman no es un youtuber con micrófono prestado. Es un abogado con grandes conexiones en los más altos círculos judiciales de los Estados Unidos de Norteamérica. Y no lanzó su declaración en un bar, sino en medio del caso más delicado del sexenio: el juicio de Ovidio Guzmán. “La presidenta actúa más como brazo de un cártel que como líder honesta.” Durísimo, sí. ¿Difamación? Tal vez. ¿Mentira? Eso ya es otro asunto, porque si el gobierno mexicano reaccionó con demandas en lugar de pruebas, entonces como dice el viejo principio legal: A confesión de parte, relevo de pruebas. Y aquí viene la pregunta clave: ¿Por qué habría de mentir Jeffrey Lichtman? ¿Qué gana un abogado de alto perfil de los Estados Unidos difamando a una presidenta extranjera, sin tener elementos que sostengan sus dichos? Porque vaya que ni Zedillo ni Miguel de la Madrid, comenzaron con un sexenio tan accidentado y tan gris como este de Sheinbaum Pardo. Y si el “nuevo gobierno” se define por defender lo indefendible de su antecesor, entonces no es nuevo, sería la continuación maquillada de un régimen bajo sospecha. Sheinbaum Pardo, podrá presumir encuestas que la colocan con “80% de aceptación”, pero cuidado: una cosa es ser conocido, y otra cosa, es ser respetado. Y hoy por hoy, la presidencia arranca con una sombra gigantesca sobre su legitimidad moral. Porque si la estrategia para enfrentar al crimen organizado es querellarse con los abogados, entonces este gobierno ya está perdido…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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