Por Carlos Avendaño.
Hipocresía nivel Dios en la visita presidencial a Sinaloa. La reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a Sinaloa no fue una gira de trabajo: fue una pasarela de hipocresías de gala, con todo el reparto morenista compitiendo por el Óscar a la sonrisa más falsa y al abrazo más fingido. Ahí estaba el todavía gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, fingiendo unidad con la senadora Imelda Castro Castro, como si no supiéramos que se traen una guerra fría que ni los de Corea. La foto entre ambos fue la postal perfecta del cinismo político: un apretón de manos con cara de “si pudiera, te empujaba al tren del bienestar”. Pero no fueron los únicos en el espectáculo de la simulación: presidentes municipales, diputados federales y locales y operadores territoriales, todos disfrazados de “compañeros de lucha”, mientras se apuñalaban por la espalda con cubetazos mediáticos, zipizapes de pasillo y metidas de pie a nivel olímpico. Una fiesta de puñaladas con moño guinda. Lo más grotesco: el olor a campaña anticipada. Porque esto ya no fue una gira institucional, fue una audición abierta rumbo al 2027. Cada quién tratando de lucirse, quedar bien, salir en la foto, jalar un me gusta, un apretón de mano presidencial… lo que sea para figurar en la tómbola de las candidaturas. Y sí, todo al más puro estilo del viejo PRI, que al parecer revivió con botox de MORENA. Y para coronar este teatro político, la presidenta Sheinbaum Pardo lanza un mensaje de alto impacto: “No nos van a vencer”, dijo a los grupos delictivos, mirando al horizonte con pose de liderazgo. ¿En serio? ¿No nos van a vencer? Si en Sinaloa los narcos desfilan como si fueran parte del gabinete, si el Estado cedió territorio a punta de omisión, y si la estrategia de seguridad es un fracaso con pancarta de éxito, ¿Cómo se supone que no nos han vencido? Las balas suenan más que los discursos, los levantones superan a las detenciones y los abrazos, ya son casi una burla. ¿No nos van a vencer? Presidenta, con todo respeto: ya lo hicieron. Solo que no nos lo han querido firmar por decreto. Porque mientras en los eventos oficiales hay refrigerios, promesas y selfies, afuera hay miedo, sangre y silencio. Y eso no se arregla con un “no nos van a vencer”, se arregla con justicia, estrategia y valor político. Y de eso, estamos más que escasos…
Viernes negro: cuando a Claudia Sheinbaum le llovió desde la DEA. No fue la oposición, ni los medios conservadores, ni los bots del PAN… Fue nada menos que el abogado de Ovidio Guzmán, Jeffrey Lichtman, quien reventó la burbuja de la narrativa oficial de la 4T con una declaración que ni Alito Moreno en sus peores desvaríos se habría atrevido a soltar. “La presidenta actúa más como brazo de un cártel que como una líder honesta.” “Es la jefa de relaciones públicas del narco.” ¡Pum! Golpe directo. Sin filtro, sin matices, sin protocolo diplomático. Y aunque venga de un abogado defensor (sí, claro), lo cierto es que estas palabras rebotaron con fuerza sísmica en Palacio Nacional, porque -nos guste o no- están alineadas con una percepción popular que crece, se murmura y se respira en el país: que la estrategia de abrazos no balazos terminó siendo un abrazo grupal… al crimen organizado. Claudia Sheinbaum, que apenas está desempacando en la silla presidencial, ya carga con una acusación más potente que cualquier nota editorial: ser la imagen institucional de un narcoestado en evolución.
Una acusación que ni siquiera tuvo que salir del Congreso mexicano. Le bastó a un abogado gringo decirlo para que todo el andamiaje de la 4T temblara. Y sí, pueden venir los voceros a gritar “intervencionismo”, “guerra jurídica” o “montaje mediático”. Pero la verdad es que lo dicho por Lichtman tiene más punch que cualquier mañanera con datos alegres. ¿De verdad creen que el pueblo no se da cuenta? ¿Que las giras de seguridad, las conferencias y los discursos vacíos tapan la realidad de comunidades enteras tomadas por cárteles? ¿Que se puede hablar de justicia cuando el crimen está mejor organizado que el Estado? Este viernes fue negro, muy negro para la presidenta, porque la narrativa del poder fue sacudida con una verdad incómoda: que el silencio, la omisión y la pasividad también son formas de complicidad. Y ahora la pregunta flota en el aire con más fuerza que nunca: ¿La 4T lucha contra el narco o negocia con él? Porque si el abogado del hijo del Chapo puede decir lo que muchos piensan —y nadie en el gobierno puede desmentir con hechos—, entonces ya no estamos en una crisis de seguridad. Estamos en una crisis de credibilidad…
¡Agárrense conductores! La 4T mete el acelerador… pero al impuesto. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público ya no anda con rodeos: se acabó el subsidio a la gasolina Magna. Ahora sí, los conductores mexicanos pagarán el 100% del IEPS, ese Impuesto Especial que suena como medicina pero pega como golpe al hígado y al bolsillo. Y esto ocurre en el país donde nos juraron que la gasolina nunca costaría más de 10 pesos, que el huachicol se acabaría en dos mañaneras y que los subsidios eran “acto de justicia social”. Pero sorpresa: ahora resulta que el pueblo bueno tendrá que pagar completito lo que antes era medio subsidiado. ¿Y el gobierno? Bien, gracias, recaudando. Nos lo vendieron como austeridad republicana, pero ya parece recaudación extractiva con uniforme guinda. Lo peor es el discurso: “Es para fortalecer las finanzas públicas”, dicen, mientras los funcionarios siguen viajando en Suburban blindada con chofer y aire acondicionado. A ti, ciudadano de a pie, te toca sacar la cartera y rezar que el tanque rinda, mientras ves cómo el dinero del subsidio desaparece tan misteriosamente como el precio del gas LP. ¿Y qué pasó con la promesa de “no más gasolinazos”? Ah, claro. Esto no es un gasolinazo, es un “ajuste técnico de estímulo fiscal”, porque en la 4T también cambiaron los nombres para que los fregadazos suenen bonitos. En resumen: El subsidio se fue. El impuesto se quedó. La promesa se rompió. Y tú, pagas la cuenta. Agárrense conductores mexicanos: ¡se acabó el cuento de la 4T!…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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