Por Carlos Avendaño.
Sinaloa: blindado hasta los dientes… pero con la boca. La seguridad en tiempos de discursos, colgados y estadísticas rojas. Culiacán amaneció el lunes 30 de junio con una postal que ya no espanta, tan solo cansa: cuerpos colgados de un puente, como si la guerra entre criminales fuera parte del paisaje urbano, y el Estado un simple espectador con uniforme y presupuesto. Pero no se preocupen, porque el gobernador Rubén Rocha Moya ya había advertido, con tono triunfal, que ahora sí, “los resultados llegarían”. Esto, luego del arribo de 1,600 efectivos del Gobierno Federal: 1,200 de la SEDENA y 400 de la SSPyPC. Un ejército entero, según la narrativa oficial. Aunque parece que llegaron con GPS averiado o instrucciones de no molestar a nadie, porque la violencia no solo no se detuvo, se multiplicó. Y la pregunta que flota como espectro en el aire caliente de Sinaloa es tan simple como incómoda: ¿Dónde estaban todos cuando colgaron los cuerpos del puente? ¿Acaso estaban afinando estrategias en algún PowerPoint? ¿Reunidos en otra mesa de seguridad donde solo se sirven excusas y café? El 14 de junio, el super policía Omar García Harfuch y el general Ricardo Trevilla Trejo, visitaron Sinaloa para encabezar una de esas reuniones que suelen durar horas y sirven, aparentemente, para redactar comunicados optimistas. De ahí salió la promesa de una nueva ofensiva contra el crimen organizado. Pero lo único que se ha ofendido es la inteligencia del ciudadano común, ese que sabe que cuando más soldados hay, más balas se escuchan. Rubén Rocha Moya, dijo que esta vez sí habría resultados. Y los hubo: Junio terminó convertido en uno de los meses más sangrientos de esta narco-guerra que vivimos en Sinaloa, con estadísticas que harían sonrojar a cualquier portavoz del fracaso. ¿La nueva estrategia? Más de lo mismo, pero con más siglas y más silencios. Y no es solo una cuestión de números o de colgados en puentes. Es la sensación constante de que el Estado perdió el control, o peor aún, que nunca lo tuvo. Cada nuevo despliegue de fuerzas armadas se anuncia como el principio del fin, pero lo que se termina siempre es la paciencia ciudadana. Entonces, ¿Qué viene para Sinaloa? Otra visita federal. Otra rueda de prensa. Otra promesa que nadie cree. Y, probablemente, otra narco-manta más honesta que cualquier boletín oficial. Porque aquí, en esta tierra de valientes ciudadanos y gobiernos ausentes, la verdadera estrategia parece ser esperar a que la violencia se canse sola, pero todo indica que esto no va a pasar…
La gran estafa del bienestar: 9 mil casas del tamaño de una recámara y media. ¡Fanfarria! ¡Corte de listón! ¡Selfies con la retroexcavadora! El INFONAVIT autorizó 50 hectáreas para construir 9 mil viviendas del bienestar en Culiacán, y de inmediato, el flamante alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, mandó encender la maquinaria, pero no la de construcción, sino la de la propaganda. Mientras el gobernador Rubén Rocha Moya declara con pecho inflado que “ya no habrá pichoneras”, uno no puede evitar pensar: ¿Y esto qué es entonces, colmenas humanas premium? Porque el problema no es el discurso, es la aritmética. De esas 50 hectáreas (500,000 m²), aplicamos la lógica urbanística más básica: 50% para lotes, 30% para vialidades, 20% para áreas verdes y servicios. Eso nos deja 250,000 m² para construir las supuestas 9 mil viviendas dignas. Divida usted en su calculadora de confianza: 250,000 m² ÷ 9,000 casas = 27.78 m² por casa. ¡Una mansión de 5 por 5! Y si le va bien, con espacio para meter un tapanco y un refrigerador, si es de los pequeños. Todo esto bajo el paraguas de “vivienda digna” y “transformación”. Claro, hay gente que está celebrando. ¿Los futuros propietarios? ¡No! Los compadres del gobernador, los contratistas consentidos y los proveedores de materiales, que ya se frotan las manos con un contrato que huele más a negocio familiar que a política social. Pero no falta el que diga: “¡Ay, no sean cizañosos! ¡No se quejen! ¡Es vivienda para el pueblo bueno y sabio!” Sí, claro. Para el pueblo… del modelo SIMI: casas genéricas, baratas y apretadas. Mientras tanto, los titulares bailan al ritmo de la narrativa oficial: “¡Más de 9 mil familias beneficiadas!” Sí, beneficiadas con el récord Guinness de vivir en el equivalente a un cajón de estacionamiento. Porque lo que se vendió como solución histórica, resulta ser la réplica a escala de un fracaso anunciado. Y lo peor es que todavía se atreven a llamarle “vivienda del bienestar”. La pregunta es: ¿Bienestar de quién o de quiénes?…
¡Hay niveles! La seguridad pública al servicio de los que viven “bien”. ¡Qué eficiencia! ¡Qué despliegue! ¡Qué velocidad! En minutos, la Secretaría de Seguridad Pública de Culiacán recuperó una camioneta Bronco Azul despojada en el exclusivo residencial “La Primavera”. Un operativo casi cinematográfico, al más puro estilo de: “Rápidos y Furiosos: Versión Culiacán”. Uno no puede evitar aplaudir o llorar o las dos cosas. Porque cuando el robo ocurre dentro de los fraccionamientos fifís, donde las bardas perimetrales valen más que una colonia entera, ahí sí la policía se vuelve un flash, con inteligencia y con helicóptero en uno solo. Mientras tanto, allá afuera -en el Culiacán real, la de los robos de moto, de celular, de vehículo, de dignidad- la gente tiene que rogar, llorar y persignarse para que siquiera les tomen la denuncia. Ya ni hablar de recuperar algo. La Bronco Azul regresó a casa. Pero el habitante de una colonia popular al que le despojaron un Tsuru desde hace tres meses, ese sigue esperando que le contesten el WhatsApp del ministerio público. Porque aquí la justicia tiene GPS y sabe a dónde ir… y a dónde no. Eso sí: mañana saldrán en rueda de prensa a presumir cifras, a decir que “la estrategia de seguridad funciona”, que “los resultados son palpables”, y que “el pueblo está tranquilo”. ¿Tranquilo? Solo si vives en “La Primavera” o si tu camioneta cuesta más que un año de salario mínimo. Al final, el mensaje es claro: Si te roban en fraccionamiento de élite, hay Estado. Si te roban en cualquier otra parte, hay suerte. ¡Hay niveles, claro que sí! Pero no se le olvide al pueblo: cuando la seguridad es selectiva, no es seguridad, es privilegio…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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