RRC/Washington: Estados Unidos atacó tres instalaciones nucleares iraníes, incluyendo Fordow, Natanz e Isfahán, uniéndose directamente a los esfuerzos de Israel para desmantelar el programa nuclear de Irán. Según una publicación del presidente Donald Trump en Truth Social, los ataques incluyeron el uso de bombarderos furtivos B-2 y bombas antibúnker de 13,600 kg, diseñadas para destruir instalaciones fortificadas como Fordow, que está excavada en una montaña cerca de Qom y protegida por capas de roca y concreto. La agencia estatal iraní IRNA reconoció el ataque a Fordow, y Trump afirmó que todos los aviones regresaron sin incidentes, calificando la operación como exitosa.
Sin embargo, la extensión del daño a Fordow no está clara. La instalación, clave para el enriquecimiento de uranio, está diseñada para resistir ataques y alberga centrifugadoras avanzadas. Expertos sugieren que, aunque los ataques pudieron haber dañado infraestructura crítica, la profundidad de Fordow (estimada entre 80 y 500 metros) hace que su destrucción completa sea difícil sin múltiples operaciones coordinadas. Irán ha advertido sobre represalias, incluyendo posibles ataques a bases estadounidenses o el cierre del Estrecho de Ormuz, lo que podría escalar el conflicto regional. La inteligencia estadounidense indica que un ataque exitoso a Fordow o el asesinato del líder supremo iraní, Alí Jamenei, podría empujar a Irán a acelerar el desarrollo de armas nucleares, aunque no hay evidencia concluyente de que actualmente esté enriqueciendo uranio al 90% necesario para ello.
La situación permanece tensa, con Israel insistiendo en la necesidad de neutralizar la capacidad nuclear iraní y Estados Unidos evaluando los riesgos de una mayor involucración. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, calificó la intervención estadounidense como “muy peligrosa” para la región.
