RRC/Culiacán: El abatimiento de Jorge Humberto Figueroa Benítez, alias “El Perris” o “El 27”, el 23 de mayo de 2025 en Navolato, Sinaloa, representa un golpe significativo a la estructura de seguridad de “Los Chapitos” (también conocida como “La Chapiza”), la facción del Cártel de Sinaloa liderada por los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Este evento, combinado con otros factores como traiciones internas y la guerra con la facción rival “La Mayiza”, ha generado una reconfiguración en los liderazgos al interior de la organización, debilitando su estructura operativa y estratégica.
“El Perris” y su rol en Los Chapitos
“El Perris” asumió un papel clave como jefe de seguridad de Los Chapitos tras la captura de Néstor Isidro Pérez Salas, alias “El Nini”, en noviembre de 2023. Como comandante de “Los Ninis”, el brazo armado de la facción, Figueroa Benítez era responsable de la protección de Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, así como de coordinar operaciones de tráfico de fentanilo y actos violentos, incluyendo el “Culiacanazo” de 2019. Su relevancia lo convirtió en un objetivo prioritario para las autoridades mexicanas y estadounidenses, con una recompensa de un millón de dólares ofrecida por la DEA.
Sin embargo, reportes de inteligencia y periodistas especializados, como José Luis Montenegro, señalan que “El Perris” traicionó a Los Chapitos al filtrar información que llevó a la captura de operadores clave como José Ángel Canobbio Inzunza (“El Güerito”), Kevin Alonso Gil Acosta (“El 200”), y Mauro Alberto Núñez Ojeda (“El Jando”). Estas traiciones, junto con su presunta colaboración con “La Mayiza” para debilitar a Iván Archivaldo Guzmán Salazar, lo convirtieron en un blanco tanto de las autoridades como de sus propios aliados.
Impacto en el liderazgo de Los Chapitos
La muerte de “El Perris” acelera la decadencia de Los Chapitos, que ya enfrentaban una crisis por la detención de Ovidio Guzmán López y Joaquín Guzmán López en Estados Unidos, así como por la guerra interna con “La Mayiza” desde julio de 2024, tras el secuestro y entrega de Ismael “El Mayo” Zambada a las autoridades estadounidenses. Este conflicto ha generado cientos de muertos y desaparecidos en Sinaloa, además de deserciones y rupturas de alianzas estratégicas.
Con “El Perris” fuera, el liderazgo operativo de Los Chapitos queda en manos de Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar, los únicos hijos de “El Chapo” que permanecen prófugos. Sin embargo, su círculo de seguridad se ha desmoronado significativamente debido a:
- Pérdida de operadores clave: Además de “El Perris”, la muerte de Eleazar Pulido Landeros (“Delta 10”), líder del brazo armado “Los Deltas” en Sonora, y las detenciones de otros lugartenientes como “El Nini”, “El Güerito”, “El 200”, y “El Jando”, han debilitado las operaciones en el terreno.
- Traiciones internas: Las filtraciones de “El Perris” y rumores de deserciones han generado desconfianza dentro de la organización, dificultando la cohesión interna.
- Presión de las autoridades: Operativos como el que resultó en la muerte de “El Perris”, respaldados por inteligencia militar y coordinación con la Guardia Nacional, muestran un enfoque más agresivo del gobierno mexicano para desmantelar las redes criminales.
Reconfiguración de liderazgos
La caída de “El Perris” fuerza a Los Chapitos a reestructurar su liderazgo en un contexto de extrema vulnerabilidad. Algunas dinámicas que podrían surgir incluyen:
- Mayor centralización en Iván Archivaldo y Jesús Alfredo: Los hermanos Guzmán Salazar, que operan con cautela y en conjunto, podrían asumir un control más directo sobre las operaciones, aunque esto los expone a mayores riesgos de captura. Iván Archivaldo, considerado el líder dominante, gestiona las operaciones transnacionales, mientras que Jesús Alfredo se enfoca en las finanzas y negociaciones internacionales, especialmente con precursores químicos desde Asia.
- Ascenso de nuevos operadores: La pérdida de figuras como “El Perris” y “El Nini” podría obligar a Los Chapitos a promover a nuevos lugartenientes, posiblemente menos experimentados, lo que podría afectar la eficacia operativa. Nombres como Heriberto Castro Bórquez (“El Gordo”), mencionado como un aliado cercano de “El Perris”, podrían emerger, aunque no hay claridad sobre su capacidad para llenar el vacío.
- Alianzas estratégicas o deserciones: Los Chapitos han intentado formar alianzas con grupos como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) para sobrevivir, pero estas son frágiles y podrían colapsar. Asimismo, la traición de “El Perris” sugiere que otros miembros podrían desertar hacia “La Mayiza” u otros rivales, como Los Cazadores o el Cártel de Caborca.
- Incremento de la violencia: La muerte de “El Perris” y la debilidad de Los Chapitos podrían desencadenar un repunte de violencia en Sinaloa, ya que “La Mayiza” buscará capitalizar la situación para ganar territorio. Reportes indican enfrentamientos casi diarios entre ambas facciones, con el uso de tácticas brutales como decapitaciones y desmembramientos.
Implicaciones a futuro
La reconfiguración de liderazgos en Los Chapitos ocurre en un momento crítico, con la organización al borde de la extinción, según analistas como Óscar Balderas. La presión de “La Mayiza”, liderada por Ismael Zambada Sicairos (“El Mayito Flaco”), y las operaciones militares mexicanas, respaldadas por inteligencia estadounidense, podrían acelerar su declive. La captura de Iván Archivaldo, quien escapó por poco en febrero de 2025, sería el golpe definitivo.
Por otro lado, la falta de reclamación del cuerpo de “El Perris” en el Servicio Médico Forense (Semefo) de Sinaloa, como reportó la fiscal Claudia Zulema Sánchez, refleja el aislamiento en el que terminó su vida, lo que podría desalentar a otros miembros a asumir roles de alto perfil dentro de la organización.
Conclusión
El abatimiento de “El Perris” no solo elimina a un operador clave de Los Chapitos, sino que expone las fracturas internas y la vulnerabilidad de la facción en medio de una guerra intestina con “La Mayiza”. La reconfiguración de liderazgos dependerá de la capacidad de Iván Archivaldo y Jesús Alfredo para mantener el control, promover nuevos operadores y sortear las traiciones y la presión de las autoridades. Sin embargo, la pérdida de cohesión, recursos y territorio sugiere un declive acelerado, con un futuro incierto para “La Chapiza” en el panorama del narcotráfico mexicano.
